Espiritualidad

Cuaresma 2021, una nueva forma de vivirla

El tiempo cuaresmal es un periodo litúrgico que nos recuerda los 40 días de ayuno que hizo Cristo en el desierto, y nos orienta a celebrar la pascua del Hijo de Dios.

Oscar Rodríguez Blanco. s, d, b.

La situación actual por la que atraviesa el mundo es difícil. La pandemia ha obligado a las naciones a realizar inesperados cambios que han afectado la vida de las personas, a las estructuras de los gobiernos, a las empresas e iglesias. Se ha impuesto un nuevo estilo de vida que nadie se esperaba.  La apertura que se ha tenido, incluso en los países más avanzados, no han dado los resultados que se esperaban. Todo esto implica sacrificio: No habrá carnavales, desfiles o espectáculos masivos. La iglesia no permitirá procesiones e incluso, la imposición de la ceniza será en forma distinta. La celebración de los días santos tendrá sus limitaciones”.

El tiempo cuaresmal es un periodo litúrgico que nos recuerda los 40 días de ayuno que hizo Cristo en el desierto, y al mismo tiempo, nos orienta a celebrar la pascua del Hijo de Dios que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz». Es un tiempo propicio para acrecentar nuestra fe y esperanza, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros, (cf. Jn 14,23).

Ante esta situación nos preguntamos ¿Cómo podemos vivir esta cuaresma 2021? La ceniza es solo un símbolo que significa reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. La ceniza representa también nuestra nulidad con respecto al Creador, según las palabras de Abrahán: «Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor», (Gn 18,27).

Se nos llama a la “conversión” viviendo humilde este camino para volver a Dios.

Se nos llama a la “conversión”, viviendo con humildad y sinceridad este camino para volver a Dios. Esta actitud personal nos lleva poner en orden nuestra vida, a cambiar nuestra forma de valorizar a las personas, a corregir nuestros caminos equivocados. El ayuno, la penitencia, las prácticas comunitarias o personales no tienen sentido sin un cambio de vida. ayunar por ayunar no tiene sentido y no hace a la gente mejor, también ayunan los que quieren mejorar su apariencia física sin ningún sentido religioso. El que quiere asemejarse a Cristo se solidariza con el hambriento y comparte lo que tiene con el que no tiene. Ayunar es privarse del mal y hacer el bien.  El Papa Francisco nos dice que “El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”.

No nos debemos complicar la vida con grandes ayunos y penitencias sin sentido, el mismo Papa Francisco da algunos consejos muy oportunos para vivir el tiempo cuaresmal: saludar a todos, dar las gracias, amar al prójimo, no tener prejuicios, apreciar los éxitos y cualidades de los demás, tener pequeños detalles con el que tenemos cerca, regalar lo que no usamos, corregir con amor, colaborar en la limpieza de la casa, ayunar de tristezas y amarguras y llenar el corazón de alegría, tener la capacidad de perdonar para ser perdonados. Esas y muchas otras formas, nos ayudarán a vivir la cuaresma. Este es el ayuno querido por Dios.

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