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De Colombia a Panamá para servir

El padre Roderick Escobar recuerda al pastor sencillo que no dudó en “arremangarse” los pantalones para vencer el manglar que rodea a la Isla Caña en Los Santos.

“Había bajado la marea. La embarcación no podía navergar, y Monseñor Torres cruzó embarrándose de lodo hasta la rodilla”, imagen que nunca olvidó el padre Escobar.

Así fue Monseñor Fernando Torres Durán, un obispo que entendió que él en la Iglesia no era un príncipe ni una autoridad, sino un cristiano elegido para servir a la Iglesia panameña.

Su celo pastoral por rescatar a los jóvenes le llevó a ser uno de los mayores impulsadores de los Encuentros Juveniles en Chitré, aún en medio de sus padecimientos físicos.

De esto sabe muy bien la Hermana María González, mano derecha del Padre Segundo Familiar Cano, y pilar de los encuentros juveniles en Chitré.

“Monseñor Torres sufría de alergias y en un encuentro se brotó y se hinchó, pero no dejó de acompañar a los jóvenes en el Sacramento de la Confesión”, dijo admirada de su entrega al ministerio sacerdotal.

En el campo intelectual, Monseñor Torres Durán bien puede ser llamado el obispo historiador. Dejó su impronta de hombre de libros en el proyecto de la Historia de la Iglesia de Panamá, según recuerda Manuelita Núñez, quien trabajó de la mano con él. “Es justo reconocer su gran legado en el campo de la historia eclesiástica de nuestro país”, acotó Manuelita, quien pondera su asesoría y apoyo incondicional.

Vocación desde niño

Acostumbrado desde los siete años a acompañar a su papá al consultorio donde servía como médico, se acostumbró a hacer una visita previa al Santísimo, quien él mismo dijo que le puso en su corazón la vocación de salvar almas, aun allende las fronteras de su país de origen.

Aquel niño fue más tarde seminarista, luego sacerdote, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá, y el 14 de agosto de 1996 tomó posesión como tercer Obispo de la Diócesis de Chitré, en cuya catedral reposarán sus restos, luego que hoy le despidan en funeral solemne.

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