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Deja atrás los rencores dando paso a la gracia del perdón

En el transcurso de la vida es normal que en algún momento suframos por las acciones o las palabras de otra persona. Lamentablemente es común que un compañero de labores te sabotee, o tu pareja te engañe, pero que duro es cuando uno de tus padres sea el protagonista de ese dolor causado, con sus críticas o maltratos físicos pudo haberte dejado sentimientos de ira, amargura, incluso venganza.

Así como le sucedió al exitoso empresario panameño Alberto Domingo. Hoy un hombre de 52 años, padre de tres hijos y con un matrimonio comprometido con su Iglesia desde hace 19 años. Beto, como le dicen la mayoría de sus amigos, es hijo único de una tableña y de un chino panameño nacido en Chiriquí.

Sus padres duran poco de casados, debido al mal carácter de su papá, maltrataba psicológica y físicamente a su madre.

“En una de esas tantas peleas, mi madre tomó la decisión de divorciarse, el comportamiento de mi papá era repetitivo. Teníamos todo para ser la familia perfecta, salud, buena posición económica, pero la violencia empujó la decisión, se trataba de vida o muerte”, relata Beto.

A partir de ese momento, se convierte en un niño de padres separados. Por más que su papá trató de demostrar que su ex esposa no tenía las condiciones psicológicas para criar a su hijo, el juez decide darle la custodia a la mamá y solo los fines de semana compartía con él.

Fue así como creció, viendo a su papá como un héroe, a pesar de su frialdad. “Aunque mi padre no era creyente, me inscribió en el colegio San Agustín, para la época uno de los mejores colegios católicos de Panamá, solo demostraba su amor monetariamente”, señaló.

A pesar de su esfuerzo por ser el mejor de su clase, Alberto no logró con ningún reconocimiento escolar sacar una sonrisa o felicitación de su padre, quien buscaba en todo la perfección. “Se fijaba de la nota más baja para insultarme, diciéndome que no servía para nada, que se avergonzaba de mí, que era un animal. Mientras yo muerto de miedo, quedaba mudo”, asegura Beto.

Esto causó en él muchos temores, fue un niño retraído y poco comunicativo. De héroe a enemigo Al graduarse, Alberto decide irse a trabajar con su padre. Se dedicó con su esfuerzo pagarle hasta el último centavo invertido en su educación.

Juntos lograron apoderarse del mercado, abrieron varias sucursales de la Casa del Zinc en el país. “Trabajé muy duro, buscando siempre que mi papá estuviera orgulloso de mí, sin embargo, hubo un día que marcó un antes y un después de mi historia, un episodio que rompió el molde, convirtiendo el miedo que me paralizaba en odio”, manifestó.

El señor Domingo llegó a una de las ferreterías y por descuido de un colaborador que, sin querer, había dejado caer unas tachuelas se pinchó el pie. Frente a los clientes y colaboradores, comenzó a gritar palabras sucias, descargándose con Alberto, a quien humilló severamente. “A partir de ese momento que recuerdo como si fuera ayer, ¡exploté!, no soportaba su trato a pesar de sus esfuerzos por tratar de ser buen hijo”.

Convertidos en enemigos, iniciaron una batalla de años, desde discusiones constantes hasta demandas legales por actos fraudulentos. “Mi papá fue capaz de falsificar mi firma y quitarme todas mis propiedades, deseaba verlo preso y de rodillas pidiéndome perdón”, afirmó.

Autointoxicación

Para el filósofo alemán Max Scheler “el resentimiento es una autointoxicación psíquica un envenenamiento de nuestro interior, que depende de nosotros mismos y que suele aparecer como reacción a un estímulo negativo en forma de ofensa o agresión”.

Alberto asevera que fue así, a pesar de tener buena posición económica, no podía ser feliz. Vivía desmotivado, humillaba a sus compañeros, desarrolló una capacidad para herir a los demás, hasta que su novia, actual esposa lo encaró diciéndole verdades que le hicieron reaccionar. “Luego de hacerla sentir disminuida, me dijo que era peor que mi padre, la imagen que siempre rechacé”, expresó.

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