Laicos

Descubramos nuestro «Defecto Dominante»

Roquel Cárdenas

Cuando estamos cultivando el jardín una de las cosas que tenemos que enfrentar es lo que llamamos la mala hierba o maleza. Recuerdo una vez que vimos alguien limpiar una parcela de terreno hasta eliminar el ultimo vestigio de maleza y mi abuela exclamó “¡volverá a salir! ¿Porque abuela? pregunté y ella me contestó: “este tipo de hierba hay que sacarla de raíz…” Una lección muy sabia para el cultivo de nuestra vida espiritual.  

Somos muchos los católicos que acudimos a los confesionarios una y otra vez a confesar los mismos pecados, sin detenernos a pensar cuál es la razón o la raíz de esa mala hierba que brota una y otra vez en nosotros. Casi podría decir, que nos acostumbramos a ellos, nos consolamos diciendo: ¡yo soy así!, pero será cierto que somos así o es que tenemos algo que debemos detectar para poderlo extirpar.

Debemos empezar a conocernos a nosotros mismos y ver nuestra verdadera naturaleza. Nuestro Señor nos dijo algo que en ocasiones no nos gusta escuchar: «Si, pues, ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!», (Mateo 7, 11).

Si, así como lo leyó, Jesús nos ama, pero nos dice en nuestra cara que somos malos. Leamos el Catecismo de la Iglesia Católica, 407 …Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque éste permanezca libre. El pecado original entraña «la servidumbre bajo el poder del que poseía el imperio de la muerte, es decir, del diablo» (Concilio de Trento: DS 1511, cf. Hb 2,14). Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social (cf. CA 25) y de las costumbres.

Los maestros espirituales nos enseñan que todos tenemos un llamado “defecto” como una inclinación a un determinado acto pecaminoso, producido por la repetición frecuente del mismo. Todos nacemos con predisposiciones naturales a ciertos actos buenos y a otros malos.  El llamado “Defecto dominante” en el hombre es aquella propensión, cuyo impulso es más frecuente y fuerte, aunque no siempre se observe.

Por simple observación vemos que hay personas que le son fácil practicar algunas virtudes y son mas propensos a caer en algunos pecados. Esto es algo que podría decir que nos viene de fábrica como una predisposición, aunque permanezcamos libres. El defecto dominante es un enemigo que llevamos siempre y que es un arma poderosa de la cual se sirve el demonio para inducirnos al pecado.

El modo de combatirlo es en primer lugar diagnosticar ¿cuál es? Para ello primero debemos discernir en oración y vigilar cuáles son las faltas más comunes en las que caemos. Luego debemos examinar cuál es la raíz de estas y para ello definitivamente nos puede ayudar los pecados capitales, que como nos enseña nuestra Iglesia son la causa de muchos otros pecados. Por supuesto todos en potencia tenemos la posibilidad de cometer todos los pecados capitales, pero debemos reconocer y descubrir que hay uno que de manera particular nos domina y nos lleva a cometer muchos más. Es como el eje, el motor de la gran mayoría de pecados que cometemos. Si aun en oración y con estas pistas no lo podemos detectar, como siempre recomiendo busquemos un buen director espiritual, al cual le desnudemos nuestra alma y juntos descubramos esa raíz. De lo contrario iremos como a ciegas en nuestro camino hacia una vida devota.

Artículo anterior

¿Qué dice la Iglesia sobre la masturbación?

Siguiente artículo

Catequesis de inspiración catecumenal