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Dios presente en nuestras vidas

El Encuentro Matrimonial es una bendición para nosotros y estamos agradecidos. Nos ha hecho mejorar la manera en que nos comportamos y comunicamos.

Si elegimos una palabra para calificar esta experiencia es grandiosa. Desde entonces tenemos más unidad cómo esposos y con Dios, porque nos permitió conocernos más y generó cambios positivos.

Lo recomendamos a otras parejas porque les da la oportunidad de adquirir una herramienta fundamental: el diálogo, que les permitirá abrir su corazón.

Sabemos que aún tenemos mucho que conocer, que la relación puede mejorar y crecer a través del diálogo, que podemos alcanzar un nivel de intimidad inimaginable, trabajando la inteligencia emocional.

Entender esto no es fácil, porque vivimos en un mundo acelerado, donde se han perdido muchos valores y la tecnología en lugar de acercar, ha devaluado las relaciones interpersonales.

Es momento de hacer un alto y pensar en aquello que de verdad nos importa y nos hace inolvidables ante los ojos de quienes amamos.

Vivimos en una época donde la familia está amenazada por tantas teorías. A simple vista se nota que se trata de una nueva tendencia en las mentes de las nuevas generaciones, queriendo tergiversar lo que por naturaleza corresponde y la moral y los principios que caracterizan a la humanidad.

La mejor manera de llevar un matrimonio es tomar la decisión de amar todos los días, valorando a nuestra pareja, siendo agradecidos por cada bendición de Dios, no criticar ni juzgar, sino escuchar, dialogar, perdonarse, sanar y dedicarse tiempo.

Podemos asegurar que la diferencia entre una familia que vive con fe y otra que no, es la fe misma.

La familia que vive sin fe siempre tendrá riñas, se quejarán siempre y vivirán culpando a todos de su realidad, mientras que en una familia con fe, reina la paz, el amor, felicidad, el respeto, la honestidad, la oración, el perdón, se realza la belleza de todo a su alrededor.

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