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El cuidado personal es primordial

Como el matrimonio es una relación de naturaleza relacional sexual entre un hombre y una mujer, es importante no descuidar el cuidado personal, debemos presentarnos guapos, limpios, es decir, agradables a los sentidos.

Solo si son unidad de almas podrán ser realmente plena unidad de cuerpos. Por eso, hay que descubrir lo que el otro desea y necesita, expresarle palabras y gestos de amor, ayudarle en sus labores cotidianas, procurar hacerle la vida más agradable y vivible, según el momento y las circunstancias.

Al cónyuge bueno se le ama por convicción y no por obligación, es atractivo porque domina su temperamento y se ha forjado un carácter amable, pero a la vez firme y con ideas claras, gracias a su formación espiritual.

No se trata de un extraterrestre, un cónyuge bueno es una persona que acoge deseos, exhibe virtudes y sufre carencias y necesidades como cualquier otro. La clave se encuentra en tratar de enganchar todo esto con lo del cónyuge para ayudarse a vivir la vida y a hacerse más felices y mejores personas.

El arte de la belleza en el matrimonio exige energía y cuidado, que en ocasiones podrá resultar agotador, pero que vale la pena intentar.

Cuando una pareja de esposos logran el equilibrio se sienten mejor cuando están juntos que cuando están lejos, se enriquecen mutuamente con las virtudes del otro, se fascinan compartiendo en exclusiva su vida, juntos se sienten importantes, pues siempre prestan una extraordinaria atención al otro, ensalzan sus virtudes, fulminan sus complejos, se aprueban constantemente, y al hacer todo esto, fortalecen y garantizan su unidad.

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