JMJ Panamá 2019Noticias

El ejemplo comienza por casa

Bárbara Tavares de Melo y Thaís Fernanda Moreira, de 22 y 24 años, son dos jóvenes brasileñas que tienen muy claro cuál es su misión: llevar el evangelio a los jóvenes, especialmente a los más alejados de Dios.
En ese caminar para lograr su objetivo, llegaron hace unos días a Panamá para trabajar con el Comité Organizador Local de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) como voluntarias.
Ambas participaron en las jornadas de Río de Janeiro y en la de Cracovia, por lo que cuentan con la experiencia necesaria para brindar apoyo en Panamá.
En la JMJ, trabajarán en lo relacionado con los registros de los visitantes.
Thaís y Bárbara han decidido seguir a Cristo y vivir como Él. Dejaron atrás familia, hogar, estudios y una vida cómoda para convertirse en misioneras. Pertenecen a la Comunidad Católica Shalom, un carisma dedicado a los jóvenes.

Sorpresiva acogida
Viajaron desde Chile, donde estaban misionando, para ponerse al servicio de la JMJ. Sabían que llegarían a un hogar de acogida, pero recibieron una gran sorpresa al entrar a ese hogar.
Ellas fueron recibidas en la casa que habita monseñor José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá, donde él y su madre les han brindado una calurosa bienvenida.
“Fue una sorpresa ser recibidas en la casa del arzobispo. La mamá hace todo para servirnos. Venimos para servir y terminamos siendo servidas”, expresó entre risas Bárbara.
Ese recibimiento no es fortuito ni casual. Monseñor Ulloa, en su calidad de cabeza de la arquidiócesis de Panamá, es ejemplo de vida, lo que es clave para la evangelización. Los panameños recibirán en sus casas a miles de peregrinos de todo el mundo y él, discípulo de Cristo, cumple también con su misión de dar cobijo al visitante.
“Somos iglesia, somos familia; nos sentimos muy bien en la casa de monseñor. Al recibir a un peregrino, recibes a Cristo”, dijo Thaís.

Artículo anterior

Autonomías regionales y cultura

Siguiente artículo

La familia y la escuela bajo la luz del evangelio