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El mártir da testimonio de Cristo

Una Iglesia sin mártires es una Iglesia sin Jesús, son los mártires los que sostienen y llevan adelante la Iglesia, pero los medios de comunicación no lo dicen, porque no son noticia, hay muchos cristianos en el mundo que son bienaventurados porque son per-seguidos, insultados, encarcelados sólo por llevar una cruz o por confesar a Jesucristo. Entre estos testigos de la fe podemos mencionar a Monseñor Oscar Arnulfo Romero en el Salvador, que a raíz de su actitud de denuncia comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos más importante, editoriales, campos pagados, anónimos, donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero.

La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios. Uno de los hechos que comprobó el inminente peligro que acechaba sobre la vida de Mons. Romero fue el frustrado atentado dinamitero en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en febrero de 1980, el cual hubiera acabado con la vida de Monseñor Romero y de muchos fieles que se encontraban en el recinto de dicha Basílica.

El 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento del ofertorio. Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós.

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