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Cambiando un momento de   angustia por entusiasmo y alegría

La caída de un diente en los niños es un momento muy importante, tanto para los niños como para los padres. Para los niños es un momento relevante pero también les puede causar cierta intranquilidad porque es una pérdida física de una parte de su cuerpo.

Para los padres significa reconocer el crecimiento del niño, muchos guardan el primer diente de formas bien peculiares.

Un niño suele tener unos 20 dientes de leche y comienza a perderlos a la edad de 5 o 6 años. “Cuando los niños de hoy se enfrentan a la pérdida, es difícil hacerles entender el proceso natural por el que están pasando”, explica el psicólogo Manual Yániz. “Las historias mágicas y de recompensa les dicen en su lenguaje que no deben temer al cambio”.

La tradición

El Ratoncito Pérez, se dice que se creó a finales del siglo XIX, posiblemente en 1894 por el padre Luis Coloma, un escritor, periodista y jesuita español. Desde la Corte pidieron al padre Coloma que escribiera un cuento cuando a Alfonso XIII, que entonces tenía 8 años y se le había caído un diente.

Y así fue cómo al jesuita se le ocurrió esta historia protagonizada por el Rey Bubi, que era como la Reina María Cristina llamaba a su hijo, el futuro Alfonso XIII. La fábula permitió la fijación de la tradición y de uno de sus elementos más importantes como

es el regalo de una moneda a cambio del diente caído bajo la almohada. Desde los tiempos del padre Coloma, el personaje se ha enriquecido con infinidad de relatos, cuentos y dibujos, nacidos de los más diversos artistas y escritores, que lo han tomado como base, lo han recreado y que han acrecentado su magia y la ilusión de los más pequeños.

El cuento del Ratoncito Pérez

Érase una vez Pepito Pérez, que era un pequeño ratoncito de ciudad, vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio. Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta.

En el piso de arriba habían puesto una clínica dental. El miraba y aprendía, y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón. Después practicaba con su familia lo que sabía.

Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todas partes para que los curara. Empezaron a venir ratones ancianos que no tenían dientes y querían comer lo que no podían comer desde que eran jóvenes. Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución, apareció en la clínica un niño que quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera rápido el diente fuerte y grande. El doctor se lo quitó y se lo dio de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución: “Iré a la casa de ese niño

y le compraré el diente”. El ratoncito se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño lo había puesto debajo de su almohada.

A la mañana siguiente el niño vio el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio. Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada. Y el ratoncito Pérez los recoge y les deja a cambio un bonito regalo.

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