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El pesebre que hemos de preparar

En algunos lugares ponen sus belenes y dejan el pesebre vacío hasta que llega el día de Navidad. Esto es una forma de ayudarnos a vivir el Adviento como tiempo de espera por la llegada de Jesús. Pongamos ese pesebre vacío, con la pobreza del pesebre que Jesús escogió para nacer. ¿Qué nos habrá querido enseñar? Cada vez que pasas frente al pesebre va-cío, quédate mirándolo y deja que el Se-ñor te enseñe a preparar la Navidad, Su Navidad, tu Navidad. Deja que tu imaginación, que tu meditación, se vaya volando a aquel pequeño establo de Belén. Allí donde María y José se aprestaban a pasar la noche cuando les llegó el momento del alumbramiento. Para nosotros el momento de la Navidad, la Noche Buena.

¿Alguna vez te has preguntado cómo sería aquel pesebre? Si tienes animales o has visitado una granja, tal vez tengas una idea. Un comedero de animales, que sirvió de pesebre, es una caja hecha de tablas viejas donde comían los animales. Generalmente la madera estaría rota o quebrada en algunas partes, y de seguro tendría algunos remiendos, y también llena de mugre y saliva que los animales dejaban caer mientras comían. De entrada sabemos que “no era un lugar que pudiéramos considerar higiénico, ideal para el alumbramiento de un niño”. Todo lo contrario. Si fuéramos a fijarnos en él, solamente veríamos suciedad, mal olor y porquería. Es lo normal de un establo para animales. Sin embargo, ese fue el lugar que Dios escogió para hacer su Trono. Y de aquí surge el gran misterio, el gran regalo para la humanidad. La grandeza no está en el material del que está hecho el pesebre, sino EN LO QUE CONTENDRÁ, en lo que le dará vida y valor. Aquí nacerá la alegría verdadera. La salvación se posará aquí. Esta será su morada.

María y José, embarazados de Dios, llenos del Espíritu de Dios, que está en ellos, al ver que venía el Niño, se deben haber afanado lo mejor posible por limpiar el establo y el pesebre. Imaginamos que José habrá buscado un poco de agua para lavar el pesebre. Luego habrá quita-do la paja sucia y habrá puesto un poco de paja limpia. Imaginamos también que María lo debe haber cubierto con algún manto extra que llevaba. No sería perfecto, pero se habrán ocupado de limpiarlo y acondicionarlo lo mejor que ellos podían. Estamos en adviento y Jesús volverá a nacer dentro de unos días. ¿De qué pesebre hablamos ahora? De tu corazón, de tu vida interior. Ese es el pesebre donde el Señor quiere nacer en ti hoy, en tu matrimonio, en tu hogar y familia. Volverá a nacer, pero esta vez no se acostará en un pesebre, sino en nuestros corazones: el tuyo y el mío, que de seguro estará necesitando ser preparado, pues puede que esté tan sucio como aquella pequeña caja de alimentos para animales que había en la cueva de Belén. La idea es que en estos días que quedan del Adviento hagamos lo que José y María hicieron en el pesebre que Jesús escogió para nacer.

Desde Panorama Católico te invitamos a que nos afanemos, como María y José, por limpiarlo y prepararlo lo mejor posible. El Niño, Dios con nosotros, se lo merece. ¿Qué mejor cosa podríamos hacer por Él? Será nuestro mejor villancico, será nuestro canto del Gloria más apropiado. ¿Cómo hacerlo? A través de: una buena confesión, que limpie nuestra alma de toda su mugre y suciedad. Si es posible un día de ayuno, pero no de cosas comestibles propiamente, sino de todo eso que hace que tu corazón no sea la casa que con dignidad acoge al Señor que nace. Tal vez ayunar la suciedad que trae la utilización de los medios de comunicación de manera desajustada, no limpia, no fiel. Tal vez ayunar las crítica y juicios que ensucian el alma y empobrecen la caridad. Tal vez limpiando el pesebre de las infidelidades que pueda estar viviendo en la vocación que me toca vivir. Tal vez purificando el pesebre de las irresponsabilidades con las que lo ensucio, las desobediencias, las impurezas y mentiras con las que lo deterioro… Esto y más será la paja limpia y seca que le sirva al Señor de cama. Por último podemos añadir “un rato de oración profunda, personal y familiar, donde María acomode su manto para recibir al Niñito Jesús como Él se merece, como nuestro Dios y Salvador.

Para todos “feliz preparación de la Navidad”. Dejemos el pesebre vacío en Adviento y dejemos que él mismo nos indique la limpieza que esté necesitando para el digno nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, en tu corazón, en tu matrimonio, en tu hogar y familia.

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