editorial

El sacrificio de quedarse en casa

La libertad es un regalo de Dios al hombre para que se realice, crezca y haga crecer su maravillosa obra: la Creación… nos dio la posibilidad de realizarnos libremente, pero para el hombre no ha sido suficiente, pues siempre quiere más, a costa de cualquier cosa.

El ideal es ser libres para crear, construir, curar, pensar, amar, no serlo para destruir, ni para enfrascarnos en una sociedad consumista, donde cada cual busca acumular bienes que ni estamos seguros de poder disfrutar.

Hoy la pandemia vuelve a subyugar la libertad de todos. La individual y la colectiva. Hoy más que nunca, la realidad nos está enseñando que la libertad es un valor que termina para cada uno cuando empieza el derecho a la libertad –y a la vida– del otro.

Los engranajes de la sociedad actual, que se encuentra en estado de sitio sanitario, empiezan a poner las cosas en su lugar, a pesar que muchos preferimos ignorar la verdad de que estar en la calle es peligroso, que es urgente autorrecluirse, y que aunque quienes gobiernan no impongan medidas restrictivas, cada familia y cada persona pueden asumirlas por el bien de los demás.

No es fácil el sacrificio. La mayoría de las veces porque no entendemos el significado de esa palabra. No se trata de padecer por padecer, o de renunciar a las cosas buenas de la vida sin razón alguna.

La palabra sacrificio significa hacer sagradas las cosas. Entregarlas a Dios para que Él las transforme en bendición. Convirtamos ese tiempo, esa renuncia –ese quedarme en casa–, en algo sagrado que se entrega a Dios para beneficio de los demás.

Es eso, o arriesgarnos a perder el mayor de todos los tesoros: la vida.

¡Ánimo!

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