editorial

Esperanza en tiempo de pandemia

Los recientes dichos y hechos de inseguridad, violencia social y familiar que generan muertes, pueden hacernos caer en la tentación de creer que todo está perdido, que el país entró en la calle sin salida de la incredulidad total. Que los intereses particulares determinarán, desde ahora y para siempre, la cosa pública, en vez del bien común.

Frente a estos escenarios, que parecen desalentadores y en muchas ocasiones lo son, el cristiano formado tiene la opción de sonreír, de creer que un mañana mejor es posible, y que a pesar de los síntomas, el país no está en su fase terminal.

Las respuestas a nuestras angustias actuales están en las Sagradas Escrituras, particularmente en los Hechos de los Apóstoles, cuya relectura se propone en este tiempo de Pascua.

Cuando el panorama se oscureció para los primeros cristianos, debido a las persecuciones y la intolerancia, la reacción no fue huir ni echarse a llorar, ni dar todo por perdido, al contrario, de rodillas se pusieron en manos del Espíritu Santo, pidieron su fortaleza para no desfallecer, y redoblaron los esfuerzos que hicieron posible la difusión de la Buena Nueva por todo el mundo conocido, hasta nuestros tiempos.

Ese debe ser el criterio dominante, entre quienes viven a fondo su cristiandad: nada de pesimismos; evitar la sobredimensión de lo negativo, sin ingenuidades; orar y confiar en que, aunque todo parezca ir de mal en peor, los hijos de Dios tenemos quien libre las batallas por nosotros.

Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña en los días de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de soledad.

Artículo anterior

EL DESEO DEL HOMBRE

Siguiente artículo

LA ESCONDIDA SENDA DE LA GLORIA