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Evangelizar sirviendo a personas, a la Iglesia y a la sociedad

Un adagio popular dice: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Otro no menos intimidante: “Haz el bien y no mires a quién”. Muchas personas los toman en cuenta eventualmente o en su diario quehacer, otras se olvidan de ellos o los ignoran.
Hace 70 u 80 años en los pueblos pequeños las personas se mostraban solidarias, algo en qué pensar…y actuar. Por eso nosotros los cristianos debemos recordar que en nuestra identidad debe estar más explícito que implícito el espíritu de servicio. ¿Por qué? Sencillo: Si somos imitadores de Cristo haremos lo que Él hizo cuando estuvo con nosotros: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido sino a servir” Mt. 20:28.
Nos dice el Papa Francisco, sobre una forma de servir: “significa acoger a la persona que llega…inclinarse hacia los necesitados y tenderles la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y con comprensión, como se inclinó Jesús para lavar los pies de los apóstoles. Podemos entonces, como el título de este artículo dice, servir en diferentes niveles: personas, Iglesia, sociedad.”
Servir a las personas: Diariamente tenemos a quién servir: ceder el puesto en el Metro a una embarazada, abrir la puerta a un anciano, dar la hora a quien la pide, pasar la tarjeta de METRO por el torniquete al que se quedó sin saldo. O incluso, y primeramente en la casa: fregar los platos, hacer un mandado, arreglar la cama, etc.

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