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“Exhorto a la población a seguir orando y trabajando para que la ecología integral”, Monseñor José Domingo Ulloa.

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El Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, presidió la Eucaristía de hoy sábado, y al inició de la homilía recordó que mañana domingo 24 de mayo -en horas del mediodía- el mundo se unirá en oración de por el cuidado de la casa común.

De esta manera se cierra la Semana Laudato Si’, iniciativa impulsada por el Papa Francisco para celebrar el quinto aniversario de la Carta Encíclica que profundiza en la necesidad del cuidado de la casa común. 

Dijo que la Semana del Laudato Si’ ha servido para “redefinir el mundo que surgirá después de que la pandemia haya pasado, y también una oportunidad para empezar de nuevo y para asegurarnos de que el mundo que surja después de esta crisis haya pasado sea sostenible y justo”.

“Cuando el mundo se encuentra en plena desaceleración a causa de la pandemia, hay datos positivos como la disminución en los índices de contaminación en las ciudades, y una mayor puesta en valor de los cuidados y de la familia”, indicó.

Pero asimismo señaló que, se hace necesario una reflexión sobre el futuro que queremos, ante un mundo individualista donde lo importante era tener, consumir, e ir rápido por la vida. “Es el momento de pensar si queremos construir otro mundo, más solidario donde la persona esté en el centro y el bien común sea la prioridad”, sentenció.

Advirtió que el efecto rebote puede ser catastrófico para el medio ambiente, ya que algunas potencias económicas están planteando desregularizaciones para que las multinacionales puedan contaminar más fácilmente, con la excusa de acelerar el crecimiento económico.

Ante esta situación latente considera que es tiempo de hacer un alto obligado en nuestras vidas y la oportunidad para pensar en el mundo que queremos y buscar nuevas soluciones para proteger el planeta y a las personas que lo habitamos, sobre todo a las más vulnerables. 

“Deben diseñarse planes de recuperación que prioricen a las personas, la salud, la educación, el bienestar y el cuidado de nuestra Casa Común”, expresó el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta.

Reconoció la labor de los jóvenes del movimiento Laudato Si’, que junto a tantas personas de todo el mundo, trabajan educando y formando a la juventud, sobre todo a la más vulnerable con el objetivo de que disfruten de un futuro feliz. 

Por ello, está convencido que es el momento de pensar en el modelo de vida que queremos para nuestros jóvenes, y “como Iglesia Arquidiocesana estamos comprometidas en favor de la ecología integral, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la justicia y el futuro de los jóvenes”.

Exhortó a la población panameña a seguir orando y trabajando para que la ecología integral se vuelva un nuevo paradigma de justicia, porque la naturaleza no es un «mero marco» de la vida humana: es su corazón.

Homilía Conclusión Semana Laudato Si’

Mons. José Domingo Ulloa M.

Sábado 23 de mayo 2020

 

Hermanos y hermanas:

Su Excelencia Ministro de Mi Ambiente

Representante del Movimiento Laudato Si’

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos habla del nacimiento y crecimiento de las primeras comunidades cristianas. A través de ellas, el mensaje de Jesús se fue difundiendo por el mundo. Los Apóstoles y sus colaboradores eran los maestros principales. La lectura de hoy nos sitúa en la ciudad de Éfeso donde Pablo realizará una gran labor. El gran mérito de San Pablo ha sido saber buscar colaboradores para que la Palabra de Dios llegara a muchas más personas y lugares.

También hoy día, Jesús nuestro Señor necesita colaboradores para difundir su mensaje de salvación a quienes no le conocen o andan extraviados. Jesús es luz y quiere iluminar. Cada uno de nosotros sus discípulos podemos compartir algo, aunque sólo sea un pequeño rayito de esa luz. Jesucristo necesita tus labios y tu corazón para que cada día haya más personas que amen de verdad a su prójimo.

Seguramente, que tal vez, alguno me diga ¿pero ¿cómo voy a ayudar a otros si yo mismo estoy sin luz y vivo a ciegas? Muchas veces hemos oído decir que Dios escribe recto con líneas torcidas. Es decir: nosotros ponemos la palabra, pero quien toca el corazón es Jesús. Aunque no sea el más preparado, tengo que poner mi granito de arena a favor de nuestro Señor Jesús.

El Papa Francisco no se cansa de repetir que todos los bautizados estamos llamados a evangelizar, no tienen que esperar a que nadie les dé permiso. Sí, debemos conocer las verdades elementales de nuestra fe para proponerla adecuadamente. Pero, como él suele decir, no esperemos a saber mucha teología para hablar de Dios a los demás.

Desde ese compromiso por evangelizar es como todos podemos unirnos a La Semana Laudato Si’, con motivo del 5º aniversario de la encíclica sobre el cuidado de la casa común, dirigida por el Papa Francisco a los fieles del mundo, y mañana domingo 24 al mediodía, hora local de cada país, nos uniremos todos al momento mundial de oración.

Esta Semana del Laudato Si’ se ha pensado como una ayuda para “redefinir el mundo que surgirá después de que la pandemia haya pasado. La crisis actual es una oportunidad para empezar de nuevo, y para asegurarnos de que el mundo que surja después de que esta crisis haya pasado, sea sostenible y justo”.

Esta calamidad nos ha obligado a mirar la realidad con otra lógica. Miremos que ahora que el mundo se encuentra en plena desaceleración a causa de la pandemia, hay registros positivos en torno a la disminución de los índices de contaminación en las ciudades, y una mayor puesta en valor de los cuidados y de la familia.

“En estos momentos de crisis en los que nos encontramos, pedimos una reflexión sobre el futuro que queremos. Vivíamos en un mundo individualista, donde lo importante era tener, consumir… Ir rápido por la vida. Es el momento de pensar si queremos construir otro mundo, más solidario, donde la persona esté en el centro”.

Que la mitad de la población de la Tierra esté confinada ha dado un respiro al planeta. Sin embargo, el efecto rebote puede ser catastrófico para el medio ambiente, ya que algunas potencias económicas están planteando desregularizaciones para que las multinacionales puedan contaminar más fácilmente con la excusa de acelerar el crecimiento económico.

El cambio climático, la contaminación atmosférica o la pérdida de la biodiversidad son problemas que van a seguir estando cuando la pandemia acabe, y que pueden verse agravados por el ímpetu de volver con impaciencia al antiguo e injusto sistema económico.

A la crisis climática que sufrimos ahora se le suman la sanitaria, social y económica. Ese enemigo microscópico que es el Covid-19 nos da la oportunidad para pensar en el mundo que queremos, y buscar nuevas soluciones para proteger el planeta y a las personas que lo habitamos, sobre todo a las más vulnerables. Deben diseñarse planes de recuperación que prioricen a las personas, la salud, la educación, el bienestar y el cuidado de nuestra Casa Común.

El Papa Francisco explica en Laudato Si’, que la ecología no es un tema marginal, sino que cada día que pasa se muestra como un tema urgente, y afirma que “es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida».

Esta ecología integral es la que desde el Movimiento Laudato Si’ asumimos y creemos más vigente que nunca: una ecología ambiental, económica y social; una ecología cultural; una ecología de la vida cotidiana; una ecología guiada por el principio del bien común y la justicia entre generaciones.

Hoy nuestros jóvenes del movimiento Laudato Si’, junto a tantas personas de todo el mundo, trabajan educando y formando a las comunidades, sobre todo a los de menor edad que son los más vulnerables, con el objetivo de que los jóvenes disfruten de un futuro feliz. Sin embargo, ciertas «amenazas externas» pueden tener un grave impacto en su futuro, como es esta crisis climática, social y sanitaria que el planeta está sufriendo.

Por ello, creemos que es el momento de pensar el modelo de vida que queremos para nuestros jóvenes, y hacerlo junto con ellos, es decir, que los muchachos y muchachas, con su propia voz y su propio espíritu, coadyuven con los adultos para construir esta nueva sociedad, comprometida en favor de la ecología integral, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la justicia y el futuro de los propios jóvenes.

Sigamos orando y trabajando para que la ecología integral se vuelva un nuevo paradigma de justicia, porque la naturaleza no es un «mero marco» de la vida humana: es su corazón.

«Semana» especial que conmemora su quinto aniversario.

Esta semana es una gran oportunidad para volver a leer la Encíclica -que toma su título de la invocación de San Francisco de Asís en el «Cántico de las Criaturas». Dividida en seis capítulos, recoge desde un punto de vista colegial diversas reflexiones de las Conferencias Episcopales del mundo, y concluye con dos oraciones, una interreligiosa y otra cristiana, por la salvaguarda de la Creación.

«Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra»: Francisco de Roma sigue los pasos de Francisco de Asís para explicar la importancia de una ecología integral que se convierta en un nuevo paradigma de justicia, que esa sea la nueva normalidad en la que la preocupación por la naturaleza, la equidad hacia los pobres, el compromiso en la sociedad, sean inseparables. En los seis capítulos de la Encíclica, el Papa destaca que nuestra tierra, maltratada y saqueada, requiere una «conversión ecológica», un «cambio de rumbo» para que el hombre asuma la responsabilidad de «cuidar la casa común». Un compromiso que también incluye la erradicación de la miseria, la atención a los pobres, y el acceso justo a todos a los recursos del Planeta.

No a la cultura del descarte, pide el Papa

La Encíclica hace un diagnóstico detallado de los males del Planeta: la contaminación; el cambio climático; la desaparición de la biodiversidad; la deuda ecológica que el Norte tiene con el Sur del mundo, vinculada a los desequilibrios comerciales; el antropocentrismo; el predominio de la tecnocracia y las finanzas, que lleva al rescate de los bancos, en detrimento de la población; la propiedad privada no subordinada al destino universal de los bienes.

Sobre todo, parece prevalecer una «cultura del descarte», del usa y tira que conduce a la explotación de los niños, al abandono de los ancianos, a la reducción de otros a la esclavitud, a la práctica del comercio de diamantes ensangrentados. Es la misma lógica de muchas mafias, escribe Francisco, la lógica del descarte de los niños por nacer que no corresponden a los planes de sus padres.

Frente a todo esto, explica la Encíclica, necesitamos una «valiente revolución cultural» que mantenga en primer plano el valor y la protección de toda vida humana, porque la defensa de la naturaleza, «no es compatible con la justificación del aborto» y «todo ensañamiento con cualquier criatura es contrario a la dignidad humana».

El Papa también reitera la necesidad de tutelar el trabajo, parte del sentido de la vida en esta tierra, y pide el diálogo entre la política y la economía, en nombre del bien común. A nivel internacional, el Papa no escatima un juicio severo sobre las cumbres mundiales sobre el medio ambiente que han decepcionado las expectativas por falta de decisión política. A nivel nacional, en cambio, Francisco insta a la política a alejarse de la lógica del beneficio inmediato y de la corrupción, en nombre de procesos de decisión honestos y transparentes. Lo que se necesita, en esencia, es la que la “nueva normalidad” sea más bien una nueva economía, más atenta a la ética.

Invertir en la formación de una ecología integral

Ciertamente, la Encíclica subraya que es necesario invertir en la formación de una ecología integral, para comprender que el medio ambiente es un don de Dios, un patrimonio común que debe ser administrado, no destruido. Incluso los pequeños gestos diarios son suficientes: hacer la recolección diferenciada, no desperdiciar agua y alimentos, apagar las luces innecesarias, cubrirse un poco más en lugar de encender la calefacción. De esta manera, podemos sentir «que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos». Por último, la Encíclica nos invita a mirar los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, que «une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado». Y entonces, Laudato Si’, concluye el Papa Francisco, porque «más allá del sol», «nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios».

Como indicamos, la Arquidiócesis seguirá impulsando acciones significativas para que la cultura del Laudato Sí’ sea difundida desde las Parroquias a los hogares y la comunidad en general.  Ya existen diversas iniciativas entre las cuales podemos mencionar: 

La Parroquia San Juan María Vianney tiene un reto para educar a niños la encíclica. 

El Programa de reciclaje en la Capilla Inmaculada Concepción de María de la Parroquia Medalla Milagrosa de Juan Díaz, programa que se inició con los jóvenes, pero que ya se ha llevado al Plan Pastoral, y su meta es llevarlo a la comunidad en general. 

En la Parroquia de Santa Ana se están realizando acciones de reciclado en los hogares, y formación en la Iglesia Doméstica, incluyendo la siembra. Cuentan con un Proyecto para una Parroquia y Comunidad más Ecológica. 

En la Parroquia San Juan Apóstol se han continuado con las capacitaciones, campañas de reciclaje y apoyo a actividades masivas de la comunidad como el Desfile de Navidad. 

La Parroquia Santa María la Antigua se ha comprometido con esta iniciativa, y lo integrará a su plan pastoral. 

Anunciamos que el Movimiento Laudato Sí’, de la Arquidiócesis, iniciará en el mes de julio los talleres online para el estudio de la Encíclica. Queremos motivar a todas las parroquias para que se inscriban en este tipo de iniciativas. 

Tenemos claro que esto, más que una moda, ha de convertirse en nuestro modo de vida. El Planeta nos está hablando, con sus signos nos está diciendo que bajemos la velocidad, que le pongamos atención a lo que de verdad importa, que es la persona humana, su familia, la felicidad plena de muchos y no de unos pocos, en un entorno limpio y al alcance de todos.

El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal. Avancemos por ese camino de justicia e igualdad, sin destruir el paisaje mientras caminamos.

Pidamos a Dios que esta emergencia de salud que enfrenta el país pueda dejar ver la parte solidaria y positiva nuestra como ciudadanos, y que cambiemos para mejor, con hábitos nuevos en torno al reciclaje, a reutilizar las cosas y a no ensuciar de más. Esta pandemia, con la cuarentena que hemos vivido todos los panameños, sin distinción alguna, debe habernos enseñado el valor verdadero de las cosas materiales. A veces el exceso de consumo –que de por sí produce un aumento exagerado de basura– nos lleva a vivir desechando, sin darle valor a las cosas, cuando en realidad podemos tratar de ser más constantes, más permanentes, usando solo que lo que realmente necesitamos, y reutilizando cosas que no tenemos por qué botar.

Reiteramos lo que decíamos ayer, saquemos la basura en bolsas y en los horarios establecidos para evitar consecuencias mayores al medio ambiente.

Seguimos motivando no solo a los familiares con pacientes diagnosticados con coronavirus, sino a todos nosotros a que extrememos las medidas de seguridad e higiene al momento de disponer los desechos, de mascarillas y guantes.

Hagamos patria asumiendo que todos somos uno, que somos hijos de un mismo Padre, y que juntos formamos parte de la familia común de este planeta.

Preguntemos ¿Qué es urgente cambiar? ¿Cuál es la Buena Nueva que hoy el Espíritu nos esté invitando a comunicar? No hay duda de que lo de una ecología integral es uno de los horizontes ineludibles. Justamente esta semana se están celebrando los cinco años de la publicación de la encíclica Laudato Si’ y, sin embargo, fueron cinco años en los que no hubo acciones contundentes para un cambio.

Por el contrario, al menos en Colombia, algunos siguen diciendo que se ha de implementar el frac King, otros que se han de continuar las aspersiones aéreas con glifosato para erradicar los cultivos ilícitos y, aunque el año pasado se llevó a cabo el Sínodo de Amazonía, si hay una región que está mostrando la precariedad de recursos para afrontar la pandemia, es Amazonas en su vasto territorio compartido por nueve países. ¿Qué estará cambiando en nuestra vida cristiana sobre este aspecto del cuidado de la ‘casa común’? Hermanos esta es la oportunidad de cambio.

Que Santa María la Antigua, Patrona de Panamá, sea la estrella que nos acompañe en este propósito y sea nuestra intercesora para que Dios nos dé la sabiduría y fortalezas necesarias.

 

PANAMÁ, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos, por Panamá -Quédate en casa.

 

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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