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Vivir como Cristo manda es el reto del cristiano

Esta semana la Palabra nos está invitando a la evangelización, pero no esa que se queda en el discurso, sino aquella que tiene su punto de partida y de llegada en el testimonio personal y de vida. 

Entonces se trata de hacer, y no tanto de decir. Evitar ser de esas personas que llenan su boca de palabras sobre la justicia social y la ayuda a los pobres, pero son incapaces de cargar un bulto o sudar un poco para dar de comer a los que tienen hambre, o vestir a quienes están desnudos.

Antes de ascender al Cielo, Jesús se dispuso a compartir con sus discípulos una serie de recomendaciones y consejos de vida: el amor entre los hermanos, el servicio de unos con otros, el lavarse los pies como Él lo ha hecho, la seguridad de su presencia cuando dos o más se reúnen en su nombre, la Eucaristía como signo de comunión con Él y con los demás, la permanencia en su amor al igual que una vid…

Ahora debemos preguntarnos cuánto de eso hemos hecho, y cuánto es todavía una materia pendiente en nuestra vida.

Con la partida del Señor, sus amigos y discípulos dejaron de ver su rostro, pero no abandonaron su manera de vivir. De eso se trata. De ser, en lugar de decir que soy.

No ver su rostro, pero sí actuar como Él nos manda. Ese es el gran reto del cristiano.

Creer que la presencia  de Cristo es una meta para la otra vida, es cometer un error garrafal, Sería desnudar a la fe de su esencia: Dios con nosotros, sanador, liberador, salvador, pero hoy y siempre.

El rostro de Cristo está presente hoy… solo tenemos que vivir como el manda.

 ¡Ánimo!

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