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Francisco en los países bálticos

El papa Francisco llegó el sábado 22 de septiembre a Lituania, primera etapa de un viaje de cuatro días a los países bálticos, a los que llamó a convertirse en “puente de unión entre el oriente y el occidente europeo”.

En un país que celebra este año el centenario de su independencia, adquirida al final de la Primera Guerra Mundial, el Papa recordó cómo Lituania había atravesado “un siglo marcado por múltiples pruebas y sufrimientos”.

Ante las autoridades y la sociedad civil lituanas, reunidas en el Palacio Presidencial de Vilna, el Papa destacó, sin embargo, cómo esta historia debía suponer para el país la ocasión de “recobrar la memoria de lo vivido para tomar contacto con todo aquello que los ha forjado como nación y encontrar allí las claves que les permitan mirar las desafíos presentes”. Recordando la diversidad secular de la población de Lituania, Francis-co destacó cómo “las ideologías totalitarias quebraron la capacidad de albergar y armonizar las diferencias sembrando violencia y desconfianza”.

Dirigiendo su atención al “escenario mundial” –y especialmente a una Europa en pleno debate sobre la acogida de migrantes– la- mentó “las voces que siembran división y enfrentamiento” o “que pregonan que la única manera posible de garantizar la seguridad y la subsistencia de una cultura nace buscando eliminar, cancelar o expulsar a las otras”. Todos los conflictos que se presentan tienen soluciones duraderas siempre y cuando se sustenten en el reconocimiento concreto de las personas, especialmente de las más débiles”, insistió el Papa, antes de concluir exhortando a la sociedad lituana a “prestar atención a los más jóvenes”.

Detalles

  • Puente de unión en Europa Francisco considera que, precisamente porque han “sufrido en carne propia los intentos de imponer un modelo único, que anulase lo diverso con la pretensión de creer que los privilegios de algunos pocos estén por encima de la dignidad de los otros o del bien común”, los lituanos pueden “convertirse en puente de unión entre el oriente y el occidente europeo”.
  • Una memoria herida Antes de su oración, rezó detenidamente en una celda de la antigua sede de la Gestapo y después de la KGB, transformada en capilla en memoria de los numerosos mártires que sufrieron allí por su Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Frente al monumento que, en Vilna, recuerda a las víctimas de la lucha por la libertad.
  • No acomodarnos a las “modas de turno” Exhortando a esta nación, que celebra los cien años de su independencia, a no olvidar a sus “mayores” que “tanto sufrieron”, pidió a Dios que esta historia permita no “acomodarnos a las modas de turno, a los slogans simplificadores, y a todo intento de reducir y privar a cualquier persona de la dignidad con la que (él) la revistió”.
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