DiócesisPrelatura de Bocas del Toro

Testimonios son caminos de esperanza

Rubén Knigth tiene 63 años de edad, es un servidor de la comunidad Pparroquial Santa Isabel de Hungría, ubicada en el distrito de Changuinola.

Su conversión inició el 19 de diciembre de 1992, después de 25 años de andar en el mundo del libertinaje, de los cuales, en los últimos ocho cayó en un alcoholismo profundo que lo esclavizaba. “Sentí la necesidad de buscar ayuda, mis primeras palabras fueron: “la madre de Dios”, expresó Rubén.

Por ello, pidió auxilio a María Santísima. “Ese 19 de diciembre llegué en un estado deplorable a la parroquia Santa Isabel de Hungría y sin tener conocimiento de lo que era la Santa Misa tuve un encuentro profundo con el Señor, comencé a escuchar voces de espíritu malignos, que no querían que yo siguiera en la Iglesia hasta el 6 de enero”, relató.

En su testimonio puntualizó que el padre Fermín Moriones sacerdote, ya jubilado y el Padre Roberto Cirauqui (Q.E.P.D), le ayudaron y confortaron, porque la mayoría pensaba que lo que tenía era Delirium Tremens, a causa del alcoholismo; pero lo único, detalló que le hacía sentirse bien era la oración.

Seguidamente reseñó que se integró a la Iglesia y ese mismo año entró a un taller de Oración y Vida, dictado por la señora Nila de Antons. Ahí comenzó su con-versión después de leer el libro “El hermano de Asís”, a través del cual se le despertó la inquietud de servir en algo donde los demás estuvieran abandonados, decidiéndose por los privados de libertad y los enfermos.

“Para mí la conversión es un servicio desinteresado, sin lucro ni vana gloria, más bien humilde y casi olvidado”, enfatizó Knigth. Su caminar en la fe inició en el año 1993 y por dos años consecutivos fue catequista de niños.

En el año 1996 sintió el llamado de Dios, su corazón le decía que tenía que hacer algo diferente, es entonces cuando decide unirse al voluntariado de Cáritas Social.

Fue miembro activo de la pastoral penitenciaria desde el año 1996, previo a ello, recibió formación para llevarle la Palabra, en el que la Sra. Thelma atendía a las damas y él a los caballeros; con el previo permiso y consentimiento de las autoridades del penal.

Actualmente continúa visitando a privados de libertad del Centro Penitenciario de Bocas del Toro, les comparte la palabra de Dios y para el mes de diciembre les ofrece un humilde agasajo y les transmite a ellos ese mensaje de esperanza que “Dios los ama”.

Dispuesta a transmitir la fe

“Desde pequeña mis padres me han inculcado seguir el camino de Dios, cada una de las cosas que he aprendido por parte de catequistas y grupos que me hablan sobre Jesús no sólo me ha hecho salir de dudas, aprender más o seguirlo, sino aumentar y transmitir mi fe de una u otra manera a más jóvenes”, explicó Angie Castillo, quien pertenece a la Pastoral Juvenil en la Parroquia Santa Isabel de Hungría “La JMJ ha impulsado a más jóvenes a seguir a Jesús y unirnos para hacer grandes cosas para Él. Los peregrinos dejan en mí un sentimiento único de amor a Dios, de seguirle siempre y nunca desviar mis ideales”, explicó.

“Mi fe ante cada una de mis decisiones ha sido determinante. Me ha ayudado, reconfortado e impulsado a lograr lo que anhelo en cualquier ámbito de mi vida. Mi fe y oración ha hecho que sigamos tomados de las manos”, enfatizó.

“Tengo valores y principios que se relacionan con Dios y si hay algo que me identifica es la generosidad. Siempre estaré dispuesta a ayudar”, puntualizó Castillo.

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