Espiritualidad

Francisco y la espiritualidad de la fraternidad

El Papa ofrece esta Encíclica a todas las personas de buena voluntad, como “un humilde aporte a la reflexión para que seamos capaces de reaccionar con fraternidad y de amistad social.

P. Miguel A. Keller, osa

Al finalizar el Cónclave, en el que Jorge Bergoglio fue elegido Papa, su amigo el Cardenal brasileño Claudio Hummes, religioso franciscano, se acercó a felicitarle y le dijo : ¡No te olvides de los pobres! Fue seguramente algo que influyó en el nombre elegido por el nuevo Obispo de Roma. Y no sólo en el nombre, sino también en su vida austera y su espiritualidad de cercanía a los más pobres, que vivió siempre durante todo su servicio pastoral en Argentina, y en sus dos Encíclicas, que tienen como título dos frases textuales de San Francisco de Asís, incluso en su lengua original: Lodato si’ (Alabado seas…) sobre el cuidado de la casa común y Fratelli Tutti (Todos hermanos) sobre la fraternidad y la amistad social.

Precisamente en su reciente Encíclica Fratelli Tutti (FT), el mismo Papa hace constar otro aspecto de la figura de San Francisco de Asís, muy importante e influyente en él. Además, por supuesto, del tema de la fraternidad, porque San Francisco se sentía hermano del sol, de la luna, del mar, del viento, de todos los seres humano y especialmente de los pobres, los enfermos, los descartados y los últimos (FT 2).

“Hay un episodio de su vida que nos muestra su corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión. Es su visita al Sultán Malik-el-Kamil, en Egipto, que significó para él un gran esfuerzo debido a su pobreza, a los pocos recursos que tenía, a la distancia y a las diferencias de idioma, cultura y religión. Este viaje, en aquel momento histórico marcado por las cruzadas, mostraba aún más la grandeza del amor tan amplio que quería vivir, deseoso de abrazar a todos. La fidelidad a su Señor era proporcional a su amor a los hermanos y a las hermanas. Sin desconocer las dificultades y peligros, San Francisco fue al encuentro del Sultán con la misma actitud que pedía a sus discípulos: que sin negar su identidad, cuando fueran «entre sarracenos y otros infieles […] no promuevan disputas ni controversias, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios». En aquel contexto era un pedido extraordinario. Nos impresiona que ochocientos años atrás, Francisco invitara a evitar toda forma de agresión o contienda y también a vivir un humilde y fraterno “sometimiento”, incluso ante quienes no compartían su fe.

En la Encíclica Fratelli Tutti (FT), el mismo Papa hace constar otro aspecto de la figura de San Francisco de Asís.

Él no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios. Había entendido que «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16). De ese modo fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna, porque «sólo el hombre que acepta acercarse a otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre». En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos. Él ha motivado estas páginas” (FT 3-4).

La misma actitud y espiritualidad de una fraternidad universal y sin fronteras inspiró a Francisco a realizar un gesto semejante: el encuentro celebrado en Abu Dabi el 4 de febrero de 2019, con el Imán Amhad Al-Tayyed, que no fue un acto diplomático sino un encuentro fraterno de reflexión y diálogo, para recordar que Dios «ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos» (FT 5). La Encíclica Fratelli Tutti, señala el Papa, recoge y desarrolla algunos de los grandes temas del Documento conjunto, firmado en aquella ocasión con el título “La fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”.

En el contexto actual de una cultura fragmentada, una escandalosa inequidad, una dificultad para el diálogo y la solución de conflictos, una constante tentación al enfrentamiento y la guerra, una tendencia a la violencia que incluso se fundamenta en motivos religiosos, es inapreciable el llamado de Francisco a la fraternidad universal. El Papa ofrece esta Encíclica a todas las personas de buena voluntad, como “un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras”, (FT 6).

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