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Hacen falta voluntarios para que se multipliquen los panes

Eduardo Soto P. / [email protected]

Como en el relato evangélico, el milagro de alimentar multitudes es posible, pero hacen falta los cinco panes y los dos peces. 

Hambre hay, y mucha. En las comunidades circundantes a Ciudad Radial, en el capitalino corregimiento de Juan Díaz, abundan las familias que viven una “situación calamitosa”, porque los integrantes adultos se han quedado sin salario, sin ahorros y sin comida en la despensa.

El padre Domingo Escobar, quien sabe conjurar con su buen humor el quiebre de la voz y las lágrimas que se le asoman a los ojos cuando echa el cuento, dice que fue conmovedor saber de tantas personas sin comer.

“Mucha de nuestra gente vive del día a día, de ‘camaronear’, y ahora ni siquiera salir de sus casas pueden”, señala el padre.

El celular lleno

No tardaron en aparecer en el teléfono móvil los mensajes y las llamadas de auxilio.

“Me escribían y llamaban para decirme ‘no tenemos comida (…) ya entre los vecinos no logramos nada (…) hay unos niños que lloran porque no tienen qué comer”, señala el padre Domingo.

Y agrega: “entendimos que había que dar respuestas asertivas e inmediatas para proveer de comida a la gente, y hemos logrado hacer mil platos al día”.

“Para complicar la operación de esas mil comidas, tenemos que repartirlas de casa en casa”, añade el sacerdote con una sonrisa pícara que se le adivina en los ojos.

Puerta a puerta

Sobre todo, para eso hacen falta manos, para llevarle la comida a la gente necesitada: como los sirvientes que sirven las mesas en aquellas fiestas de gala.

Según explica el administrador, Yeither Domínguez, se cuenta con un censo en las cuatro parroquias iniciales, todas en Juan Díaz: Inmaculada Concepción en el sector de Concepción; Nuestra Señora del Carmen; Santa María del Camino en Ciudad Radial, y Nuestra Señora de la Candelaria.

La información que se levantó permite ubicar las casas donde hay más personas vulnerables (niños y adultos mayores), y aquellos que no cuentan con manera alguna para sostenerse.

Los voluntarios que se sumen a esta tarea recibirán las rutas y ubicaciones específicas para llevar las comidas a estas familias necesitadas, en las cuatro parroquias.

Yeither invita a todo aquel que pueda repartir y donar.

El comedor

La idea no se originó con la pandemia. Desde enero, el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta le había pedido al padre Domingo que le ayudara a montar una estructura de ese tipo.

Monseñor recurrió al Padre “Mingo”, porque él hace 5 años lleva una iniciativa parecida.

Se trata del comedor “Mi Amigo Jesús”, que el sacerdote organizó cuando el Papa Francisco lanzó la campaña “Food for alls” (Alimento para todos), y “para que el llamado del Santo Padre no se quedara en el aire, montamos aquella estructura”, explica.

Con ese antecedente, el obispo “de una manera profética se anticipó” a lo que vivimos ahora -dice el Padre Domingo- y “nos habló de la idea de tener comedores populares a nivel parroquial”. 

La idea es llevar alimento a los más pobres entre los pobres. 

El cuarto frío

Tanto el padre Domingo como el chef Abel coinciden en los mismo, les urge conseguir un cuarto frío para mantener los alimentos perecederos y las raciones.

Las normas sanitarias exigen que negocios como almacenes y restaurantes cuenten con una temperatura adecuada para recibir sus materias primas, que posteriormente serán colocadas en distintos puntos. Un buen sistema de refrigeración es crucial para estos casos.

El costo de este tipo de equipos oscila entre los cuatro mil y los 6 mil balboas.

Los voluntarios

Proyectos de esta magnitud solo son posibles con el concierto de mucha gente.

Actualmente son cincuenta personas las que echan adelante el proyecto de las mil comidas diarias, pero ya no se dan abasto, mucho menos cuando se trata de repartirlas.

Algunos son estibadores, otros ayudantes de cocina para picar y moler, otras más pasan la mañana frente a los fogones, y están quienes se encargan de la administración.

Pero antes de que todos ellos entraran en escena, hubo uno que al escuchar la idea que tenían el arzobispo y el cura levantó la mano para ayudar: el ingeniero y cursillista José Alfonso Mariño, dueño de una constructora quien puso materiales y mano de obra para convertir el sueño en realidad.

“Al principio pensamos en cocinar en el suelo, pues se trataba de una situación de urgencia”, indicó el padre Domingo. Pero el ingeniero Mariño dijo “no, déjame hacer una cocina, solo dime en qué espacio la quieres”.

Opus Christi

El padre Domingo Escobar entendió muy rápido que una obra de esta magnitud no sería posible levantarla sin una base sólida, humana, que le diera dimensión a la idea del Arzobispo y el apoyo del sacerdote.

Por eso el padre emprendió la creación de una Fundación que le diera sentido y dirección al trabajo: así nació la Opus Christi, un conglomerado de personas de buena fe que creyeran en el tema de la caridad.

La fundación tiene dos presupuestos, según nos enseña el sacerdote: uno humano, que se pregunta “Señor Jesús, frente a este hermano pobre y necesitado ¿Qué harías tú aquí y ahora?”. 

“Esta es una de las preguntas cajoneras que todos los cristianos tenemos que hacernos frente a la realidad que nos toca vivir”, advierte el padre Domingo.

El segundo presupuesto es teológico-bíblico, y se fundamenta en Mateo 25, 31: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber”.

También se contará con la formación en cuanto a la Doctrina Social de la Iglesia, señala el padre Mingo, quien dice tener la percepción que de eso “se habla muy poco en estos días”.

Un chef peruano

Abel Rodríguez frecuenta la parroquia Nuestra Señora de La Candelaria, también en Juan Díaz. El párroco fue quien le habló de un proyecto de comedor que estaba en ciernes y, como es chef de profesión, no se pudo resistir. 

Con una franqueza muy parecida a la candidez dice: “¿Quién se niega al llamado del Señor?”

Las circunstancias lo permitieron. Abel mantenía cerrado por esos días el restaurante del que es dueño (“Delicias Peruanas”), ubicado en avenida Ernesto T. Lefevre, así que tenía tiempo para hacer dos cosas: enseñarles a los voluntarios de cocina todo lo necesario, y preparar él mismo los menús y ponerse manos a la obra.

En estos días que el servicio a domicilio se ha reactivado, su tiempo lo parte en dos: Desde las seis de la mañana llega al comedor parroquial y a mediodía sale para su restaurante, donde sirve platos hasta las cinco de la tarde.

“Todo con amor sale bien”

El chef Abel tiene la misión de dejar un equipo encargado del comedor, con los conocimientos suficientes para hacer las raciones por plato, y las medidas necesarias para hacer las mil entregas.

¿Se necesita algún tipo de conocimiento previo?, pregunta el periodista. El chef responde rápido y sin parpadear: “No hace falta. Todo con amor sale bien, solo hace falta voluntad”.

Son necesarias 4 cosas

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Un cargamento de ñame llegó cuando se estaba haciendo la entrevista. La primera gran donación fueron 2,800 libras de carne.

Para llevar adelante un proyecto de este tipo no bastan las fuerzas humanas, y mucho menos usarlas sin concierto.

Ante esto, podemos enumerar lo necesario así:

• Oración: tal vez lo más importante que hace falta en estos momentos. Sin la oración no será posible alcanzar el objetivo. 

• La cocina: se requiere personal para confeccionar los mil platos diarios que son necesarios.

• Donar alimentos: en horario de oficina se reciben en la parroquia Santa María del Camino, de Ciudad Radial.

• Donar dinero: el número de cuenta es 03-23-01-080599-0, cuenta corriente, Banco General, Parroquia Ntra. Sra. del Carmen.

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