ChitréDiócesis

Hermanas Agustinas del Amparo, carisma y misión

Una gran fiesta celebró la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Chitré, con la consagración de cuatro hermanas María Angélica Gavarrete Gálvez, Cindy Saraí Matías, Claudia María López y Catalina Zúñiga, de la Congregación de Hermanas Agustinas del Amparo.

La presencia de estas Hermanas, entusiastas, llenas de ideales y cargadas de la presencia de Dios, es una semilla de esperanza para la ciudad y la diócesis. “Su trabajo silencioso y casi invisible es garantía de seriedad y entrega porque realizado en nombre del Señor y no del consenso y aprobación de los hombres”, afirmó el Padre José Azcárraga.

Historia

Esta congregación nació en la diócesis de Mallorca (España) en 1848 por el padre Sebastián Gili Vives, sensible a los problemas sociales, creando una casa de acogida para los niños huérfanos y desamparados; buscaba que hubieran personas capaces de amar a los niños dando aquel cariño que solamente se puede recibir en un hogar y no simples empleados, cuidadores por profesión.

Las primeras voluntarias entregaron sus vidas a los niños. Y, dado que el espíritu del fundador se identificaba mucho con el corazón inquieto de San Agustín, se creó una fraternidad de Hermanas Agustinas del Amparo que con el tiempo fue creciendo convirtiéndose en la congregación que es hoy.

Hace 25 años, desde España, algunas Hermanas llegaron a Honduras y hace dos años, dos de ellas, se establecieron en Panamá, en nuestra diócesis, acogidas por los frailes agustinos de la parroquia del Rosario. Actualmente, en la casa, ubicada en el espacio del Centro de espiritualidad Damasco, viven cuatro Hermanas, todas de origen hondureño, las cuales desarrollan actividad pastoral a favor de la parroquia del Rosario y al servicio de la diócesis.

Espiritualidad

En esta Congregación la espiritualidad es muy sencilla y actual. En primer lugar, está la dimensión comunitaria de la hermandad, porque en la comunión entre dos o más personas está presente Dios. Su estilo de vida se propone como una alternativa a la vida desintegrada y atropellada de nuestro tiempo. En segundo lugar, la apertura a los planes de Dios que se manifiestan en las necesidades de la diócesis.

Actualmente se dedican a la pastoral de los jóvenes recluidos en el Centro de Menores y han presentado un proyecto para la realización de una Casa para Menores, donde puedan dar seguimiento a aquellos jóvenes que salen de la reclusión y están expuestos a la tentación y al peligro de regresar a conductas antisociales por falta de orientación.

Artículo anterior

Espiritualidad ecológica y evangelización

Siguiente artículo

Otro joven entrega su vida a Dios