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La disciplina en el hogar

La disciplina en el hogar

Vilma Calderón

redaccion@panoramacatolico.com 

Ser padres es una de las responsabilidades más importantes del ser humano; y también una de las más complejas.

“¿Tienes hijos? Edúcalos y enséñales a obedecer desde su niñez”. Sirácides 7, 23.

Los hijos son tesoros preciosos, pero frágiles, que Dios ha dado. Si los perturbas, se romperán. Púlelos mientras se forma su personalidad, de cero a seis años. Trabaja a partir de los detalles más pequeños.

 

Disciplina

Normas para mantener el orden: Es hacer lo que se debe hacer, aun en ausencia de la autoridad. No seguirlas, es desobediencia.

La disciplina siempre debe ir en bien del hijo: Edúcalo desde muy pequeño. Ponle un horario y un lugar separado para dormir. Nunca en medio de la pareja.

Tus hijos no pueden cumplir o hacer algo más allá de su alcance: Habrá acciones propias de cada edad.

Enséñale todo de manera gradual: Ten paciencia cuando esté aprendiendo los hábitos de necesidades fisiológicas, costumbres y comportamientos, horarios y valores. Explícale sencillamente. Repíteselo las veces que sea necesario.

Corrige inmediatamente: No lo dejes para cuando venga papá o mamá, pues el niño no sabrá ni recordará por qué se le está corrigiendo.

Condúcelo a corregir él mismo sus errores: De esta forma recapacitará y mejorará su conducta. Explícale por qué no se permite una determinada conducta. Enséñale que para todo existen límites.

No accedas cuando haga berrinche: Si se le da lo que pide, se refuerza esa conducta negativa. Termina manipulando siempre.

No le des todo lo que quiere, aunque haya recursos

Pónganse de acuerdo: Nunca se contradigan el uno al otro. Esto resta autoridad.

Enséñale con tu ejemplo: La comunicación, el trato, el respeto, lo aprenderá de la pareja. Si nunca se gritan. Se ayudan. Se besan y abrazan. Si mantienen la armonía en el hogar.

Toda disciplina se aprende en el hogar y se refuerza en la escuela: Ayúdale en el desapego y la adaptación cuando entre a la escuela. Enséñale con paciencia a escribir, leer, las operaciones matemáticas.

Es natural que un padre espere mucho de su hijo, pero cuando examinamos el modelo de amor paterno que nos ofrece Dios, descubrimos que el verdadero amor nunca es condicional. No dejes de decirle que lo amas si se porta bien o por sus éxitos. Tampoco debes irte al otro extremo, dejándolo hacer. De esto depende todo su actuar, presente y futuro.

En ocasiones, la disciplina se vuelve un campo de batalla. Los niños sufren castigos exagerados por parte de sus padres que dañan en lo físico, emocional y espiritual. Estos padres necesitan ayuda profesional.

El Padre del cielo está pendiente de todos. Protege y da lo que se necesita. Ama hasta a los desobedientes.

Corrige castigando la maldad. Hace ver cuando se procede mal para que no se siga pecando. Ofrece su perdón y amor. Con ese mismo patrón, los padres terrenales deben amar, guiar, corregir, perdonar y disciplinar a los hijos. Lograrán mayor seguridad y autoestima si se les trata con respeto y dignidad.

La sabiduría radica en saber combinar disciplina sólida con demostraciones frecuentes de amor.

 

Corrección Divina

La corrección divina tiene un propósito claro: ayudar a reconocer el error para no repetirlo. Dios muestra el camino correcto con paciencia, ofreciendo siempre la posibilidad del perdón y la reconciliación. De esta manera, la disciplina se convierte en una expresión de amor profundo, ya que busca formar personas íntegras, conscientes de sus actos y responsables de sus decisiones.

Siguiendo este modelo, los padres terrenales están llamados a reflejar ese mismo equilibrio en la crianza de sus hijos. Amar, guiar, corregir, perdonar y disciplinar no son acciones separadas, sino complementarias.

Cuando los hijos son tratados con respeto y dignidad, desarrollan una mayor seguridad en sí mismos y una

autoestima sana, sintiéndose valorados y comprendidos.