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La misericordia sigue con sus brazos abiertos

La emergencia sanitaria provoca que el país baje el ritmo. Algunos dirán que se ha detenido. La consigna es “¡quédate en casa!”. Pero la Iglesia no puede hacer eso del todo. El amor a los más necesitados se lo impide; no los puede dejar solos.

Los ancianos

La población que más peligro corre ante la amenaza del coronavirus, es aquella de mayor edad. La Arquidiócesis administra un lugar donde son atendidos, y que ahora es una fortaleza, para evitar que se cuele el virus: el Hogar San José, ubicado en la 24 de Diciembre.

En la puerta espera el diácono Gabriel González, y lo primero que entrega son guantes y mascarillas. “Hay que cuidar a los viejitos”, dice.

Es una población de 20 abuelitos, y en la alacena les queda comida para 15 días. Ocho personas cuidan de ellos en tres turnos, porque “nunca quedan solos”. Aun así, debido a la emergencia sanitaria y al toque de queda, se han ajustado los horarios para que el personal esté el menor tiempo posible en contacto con los adultos mayores, y disminuir así el riesgo de infección.

La buena noticia es que apenas se decretó la alerta, el teléfono empezó a sonar: “el Despacho de la Primera Dama y la Fundación Buenos Vecinos del Banco General nos han traído comida y enseres de aseo”.

Pero les faltan guantes y mascarillas, que en el comercio no hay. “La Legión de María, que venían a cocinar los domingos, les hemos pedido que no vengan, y así ahorramos guantes”, explica González.

INTENSIDAD

Ahora más que nunca, el servicio es el principal alimento de los cristianos.

 

¿Y en caso de emergencia?

En caso que un abuelito se enferme, tienen cerca el Centro de Salud, y hasta se puede llamar a un médico para que acuda a la casa.

“Pero no creo que ocurra, porque hemos cerrado el Hogar”, dijo el diácono. “Con todas las medidas de higiene y control de visitas, no deberíamos tener ningún caso”, agregó.

También el personal que trabaja en el lugar tiene instrucciones de mantenerse lo más alejado posible de los abuelitos, y que mantengan las medidas extremas de aseo.

Mensaje a los diáconos

El diácono Gabriel fue ordenado hace 31 años, y entiende muy bien las características de su ministerio. Se mueve con naturalidad entre los ancianitos, y les trata con suavidad y cariño.

Desde su experiencia, y por todo lo que el servicio le ha enseñado en estos años, tiene un mensaje para otros diáconos:

Es muy importante entender que este es un momento crítico.  No podemos desamparar a la gente necesitada, como los ancianos, y también habrá muchos otros en la calle que necesitará ser atendida”.

Para hacerlo tenemos que vencer el temor de acercarse a la gente. Después que se sigan todas las medidas de higiene, no podemos dejar de atender a los que nos necesitan”.

También agregó: “Se necesita presencia, pero también apoyar, trabajo duro en los sitios donde funcionan las obras de misericordia, ir de compras…”

“Les digo a mis compañeros diáconos que miren un poco más allá, y que ahora es cuando más se necesita una actitud de misericordia y compasión (…) Así lo hizo Jesús, que nunca se asustó ante los leprosos”, cerró diciendo González García.

El servicio se hace cumpliendo con todas las leyes de contención

Voz de aliento a las pastorales de Salud

¡Ánimo! Así, en clave de esperanza les habló el diácono a los agentes de la pastoral de la Salud, para que sigan sirviendo y servir bien. 

Imagínate” –dijo González– “que los agentes de pastoral entren en temor, entonces ¿quién va a estar pendiente de los más necesitados? ¿Quién nos va a ayudar con las compras, con la atención a los ancianos?”.

Si seguimos todas las normas de higiene que establece la OMS no debe haber problema”, señaló.

Aun así, todos han de estar claro que la recomendación final la deben establecer los párrocos.

¿Y los de situación de calle?

A las 11 de la mañana Ariel López, director del Centro San Juan Pablo II, abre el local para tomar la temperatura a los hermanos que viven en situación de calle. Solo 20 personas de las casi 80 que esperan en fila pueden entrar, sentarse y recibir a las 12 en punto su almuerzo recién hecho.

 El resto come en la acera, con la advertencia de que no deben dejar los platos desechables en lugares inadecuados. A todos se les toma la temperatura.

Antes del almuerzo, se unieron en oración para rezar la Coronilla de la Divina Misericordia, de rodillas, pidieron perdón y rogaron al Señor por las necesidades del mundo, haciendo énfasis en las víctimas del Coronavirus.

“A pesar de que viven en calle, rodeados de basura, mal alimentados, expuestos a tantas cosas, es necesario seguir atendiendo a esta población que solo nos tienen a nosotros, no podemos dejarlos en este momento de crisis” afirmó López.

Y hace una aclaración importante: “Desde antes que se hablara de pandemia o de enfermedades, ya habíamos tomado las precauciones de lavado de manos, y que las personas tuvieran toda la orientación sobre el contagio de esta enfermedad”.

¿Siguen dando desayuno?

López responde: “No, lo hemos suspendido, pero no porque estamos en las medidas de prevención, sino porque no tenemos (…) la gente no está donando (…) por ahora estamos dando el almuerzo, hasta agotar lo que tenemos”.

¿Se ha reducido la atención a las personas?

“El centro está abierto en régimen normal. Los que vienen por atención, orientación o guía, nosotros los atendemos”. Estamos totalmente disponibles para los jóvenes y adultos, hasta que si diga lo contrario. Lo que no hacemos es aglomeración de personas.

¿Y los habitantes de calle?

 “A ellos se les permite entrar para recibir su almuerzo. Pero según las disposiciones de salud, hemos reducido el número de personas que entran; el resto recibe el alimento fuera y se retiran”.

López explicó que el persona que atiende el lugar tiene instrucciones de tener mucho cuidado, de cumplir con las normas de aseo que se han dispuesto, y evitar el contacto innecesario con los que acuden al lugar.

Otro comedores están cerrando, pero mientras se pueda, el Centro San Juan Pablo II seguirá abierto. “Hemos abierto para ser un lugar de apertura, y no podemos dejar a las personas en tiempos de crisis”, señaló Ariel.

VIH-Sida

“Tenemos escasez de productos de limpieza y desinfectantes, pero también comida seca pues seguimos atendiendo a los externos que tienen la condición”, señala Itzel Almengor, asistente administrativa del Hogar Buen Samaritano, que también hace comida para gente necesita de los alrededores, en Juan Díaz. Son 60 comidas diarias, pero ahora no pueden comer aquí, se la deben llevar.

El infectólogo que ayuda en el Hogar Buen Samaritano, doctor Rigoberto Samaniego, ha declarado el cerco en el Hogar, por lo que todos aquellos que lleven donaciones deben dejarlas en el portón, o por la parte del comedor (gazebo). “No se sabe qué cuidados está teniendo la gente allá afuera, y nuestros internos son vulnerables”, explicó la señora Almengor.

Un llamado de ayuda

Se entiende que por precaución y prevención, es mejor quedarse en casa. Pero como bien señala Itzel, no podemos “abandonar a esta gente” más vulnerable como los enfermos con VIH-Sida o los desamparados.

“Hacemos el mismo llamado de prevención, pero en lo posible debemos seguir ayudando a las obras de misericordia (…) no podemos detenernos (…) la vida sigue y tenemos que seguir sustentando estas obras”, señaló.

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