Variedad

La pandemia y el desequilibrio natural  

José Fitzgerald, CM

La pandemia actual debe provocar, en la familia humana, una profunda reflexión sobre los errores históricos que han resultado en un mundo enfermo, en muchas formas. Varios temas interrelacionados han surgido durante la pandemia; la desigualdad socioeconómica, fragilidad laboral para la clase trabajadora, debilidades de los políticos sanitarios de los Estados y el racismo sistémico que ha resultado en altas cifras de mortalidad, entre las minorías y etnias. 

En esta reflexión, quiero enfocarme en lo ecológico: la conexión entre la pandemia y la destrucción de nuestra Casa Común. Además de la forma en que los pueblos del Buen Vivir, como los Ngäbe, nos puede guiar en el camino pospandemia, para que no continuemos llevando el planeta Tierra y todos sus habitantes hacia la destrucción.

Hemos visto por las noticias internacionales y por las redes sociales las imágenes de lugares en el mundo, donde el medio ambiente ha mejorado por la disminución de turismo, tráfico e industria durante la pandemia. Nos llama la atención ver aguas cristalinas en ríos y canales, por primera vez en décadas, fotos satelitales de ciudades libres de contaminación o animales silvestres con plena confianza de entrar en zonas urbanas. Son imágenes que señalan el desequilibro natural que un mundo indiferente ha aceptado, en los procesos de industrialización. Sin embargo, pueden también ser signos de esperanza, ejemplos de la posible restauración del planeta, si nos comprometemos a hacerla juntos como familia humana.

El modelo de “progreso” actual, en una gran parte del mundo, provoca fuertes intervenciones extractivas y productivas, los cuales resultan en la destrucción de ecosistemas enteros. Esta realidad está íntimamente conectada con la pandemia que sufrimos en este momento. En una forma científica, se está investigando el origen puntual del nuevo coronavirus, posiblemente de origen murciélago, etc. No obstante, los animales y la naturaleza en sí no nos amenazan, sin embargo, son nuestras intervenciones desarrollistas las que destruyen ecosistemas completos, resultando en amenazas y consecuencias como pandemias. La continua destrucción de ecosistemas promete más pandemias globales.

La relativamente nueva disciplina de “Salud Planetaria” se enfoca en la relación entre la salud humana y la integridad de los ecosistemas, realidades inseparables, pero no muy considerado en el modelo político-económico neoliberal. No hemos sido capaces, como comunidad global, de imaginar un modelo socioeconómico cíclico, ecológico y solidario, en lugar del modelo dominante a base de extracción, producción, consumo y descarte. La relación directa entre la pandemia y la destrucción ambiental, común en las sociedades “desarrolladas”, no están siendo tomadas en cuenta por los gobernantes y grandes empresarios, que ignoran las evidencias del impacto humano en la degradación ambiental e intentan forzar, a toda costa, una “reactivación” de la misma economía capitalista salvaje, que trata la naturaleza como “bienes del mercado”.

Detalles

Intereses. Gobernantes y empresarios intentan forzar a toda costa una “reactivación” de la misma economía capitalista, salvaje y que trata la naturaleza como “bienes del mercado”.

Realidad. Modelo de “progreso” actual, en gran parte del mundo, provoca fuertes intervenciones extractivas y productivas, los cuales resultan en la destrucción de ecosistemas enteros.

Reflexión. Los animales y la naturaleza en sí no nos amenazan, son nuestras intervenciones desarrollistas las que destruyen ecosistemas completos, resultando en amenazas y consecuencias como pandemias.

Artículo anterior

Papa pide repuesta humana a migrantes

Siguiente artículo

Los libros deuterocanónicos