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La sed de Cristo en el pozo y la cruz

¿Es posible vivir en paz en un mundo lleno de caos y dificultad?, ¿cómo no dudar de la fe estando solo, abandonado, inútil, aislado del mundo? ¿Qué belleza hay en la incomprensión de los planes de Dios? La respuesta es que sí, sí es posible vivir en paz porque tenemos acceso a la Gracia. Hay una Gracia que se nos ha transmitido, es la Gracia de la muerte y la Resurrección de Cristo que se nos muestra para darnos fortaleza en esta vida, en el camino de santidad. Nunca hay que olvidar que la meta es la santidad, el Cielo, pues las preocupaciones del mundo morirán con tu cuerpo. El trabajo, el éxito, incluso la salud deberían ser secundarios, pues lo primero es la salvación del alma. De vez en cuando caemos en el error de ver a Dios como una máquina expendedora de gracias y consuelos con los que tapar nuestras desgracias, rezamos solo

con la intención de increpar, de poner en tela de juicio sus obras y su Providencia.

Si fuera un genio mágico que paliara todas nuestras necesidades, ¿dónde quedaría nuestra libertad? ¿Cuánto se rebajaría nuestra naturaleza si prefirieras los bienes materiales a los espirituales? El hombre es libre para escoger el bien, libre en nuestras acciones, en nuestro comportamiento, libre en el amor, incluso en la obediencia. Por eso, el Señor no quiere venir a cancelar nuestra libertad arreglándose la vida, sino que Él es un Dios providente que de todo mal, permitido para nuestra libertad, saca un bien mayor.

 

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