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Oportunidad para compartir en familia y abrirnos a la confianza en Dios

Estamos viviendo una época que nos hace sentir amenazados y ante la imposibilidad de poder detenerla con certeza, nos genera miedo, angustia, desesperación; en fin, desajusta nuestro ritmo de vida, pudiéramos creer que estamos estancados. Esta situación de salud nos agobia, medidas como la suspensión de actividades escolares, cambios en los puestos de trabajo, nos lleva a pensar en un colapso económico y social en todo el mundo. El miedo es una emoción y simplemente eso, lo que nos afecta de las emociones es lo que sucede luego que las sentimos. Tengo la libertad y la voluntad de decidir qué hago con el miedo. Existe un principio que dice “De lo que tengo, te doy”, si en mi lo que hay es miedo, voy a transmitir a otros mis miedos, mis angustias, mi ansiedad; pero si, al contrario, tengo sentimientos de esperanza, de lo temporal de esta situación y que además puede estarnos trayendo algo positivo, mi entorno cambia. Nuestro cerebro trabaja así: Pensamientos – emoción – acción, es decir si mi pensamiento es “todo va a colapsar” eso genera una emoción de angustia y la acción que tendré, será compras desesperadas pensando solamente en mi bienestar y el de mi familia, desconectandose del sentido común. Hagamos un ejercicio, toma una hoja de papel, un lápiz y vas a escribir 10 aspectos positivos que tiene estar en cuarentena en casa con mi familia. Luego responde a esta pregunta: ¿Para qué te quedas en casa durante la cuarentena? El “para qué” nos conecta con un propósito, un sentido, algo que queremos ganar. Cita para iluminar: “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza” Sal 56,3.

 

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