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La Sucesión Apostólica

Cuando Cristo vino a la tierra y edificó su Iglesia, de entre sus discípulos eligió 12 de ellos, y les dio autoridad, poder, y un ministerio que cumplir: pastorear la Iglesia. Los Apóstoles, conscientes de que no vivirían para siempre, y por voluntad de Cristo, estaban destinados a tener sucesores que continuaran su ministerio, con la misma autoridad que ellos recibieron de Cristo. 

La primera sucesión apostólica que vemos en el Nuevo Testamento la tenemos en el capítulo 1 de los Hechos de los apóstoles (Hechos 1, 16-17.21-26). San Pedro declara que ha quedado vacante el puesto de Judas Iscariote, y plantea la necesidad de que alguien le reemplace. En la Biblia se menciona como los apóstoles tenían también la misión de designar presbíteros (Hechos 14, 30).  También en las cartas de San Pablo se menciona la imposición de las manos (1 Timoteo 4, 14). Esta sucesión sigue sin interrupción durante toda la historia de la Iglesia, actualmente los sucesores son los obispos que tenemos en la Iglesia, que por imposición de manos reciben el poder y autoridad que Cristo les encomendó. Por lo tanto, escuchar a la Iglesia a través de sus autoridades es escuchar a Cristo mismo (Lucas 10, 16). 

En medio de tanto ruido del mundo, debemos escuchar a aquellos que Jesus nos designó para ser guía de su verdad, escuchemos la voz del papa y los obispos que con amor nos predican cada día la Palabra de Dios, ese mensaje de esperanza que el mundo tanto necesita en medio de tantas tribulaciones.

Pie de página: Escuchar a la Iglesia a través de sus autoridades es escuchar a Cristo mismo.

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