Laicos

La tibieza es asintomática

Hay una enfermedad espiritual que nos atreveríamos a decir que es endémica, o la podríamos catalogar de pandemia y es la tibieza.

Roquel Cárdenas

Hay enfermedades que nos sorprende, por la falta de una adecuada verificación médica, vivimos con ellas como una bomba de tiempo. Enfermedades como la diabetes y la hipertensión, las personas las padecen sin siquiera sospecharlo. Recuerdo una doctora me decía, que en las jornadas de salud que realizan es muy común encontrase con personas que descubren que padecen una de esas enfermedades en ese momento. “Solo Dios sabe desde cuando estaban padeciéndola y que daño le pudo haber causado”, me comentaba la doctora.

En el ámbito espiritual nos puede estar pasando lo mismo. Hay una enfermedad espiritual que me atrevería a decir que es endémica o la podríamos catalogar de pandemia y es la tibieza. Y esta enfermedad al igual que el Covid-19 puede ser asintomática o por lo menos no es perceptible para el que la padece. En cuanto al grado de contagio solo Dios sabe hasta qué punto es contagiosa, pero por simple inspección podemos apreciar que al menos se han contagiado muchos.

El que predica la sana doctrina es tildado de retrogrado, fanático y fascista.

Hay un versículo muy conocido que nos habla de esta enfermedad que dice lo siguiente: “Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca”, Apocalipsis 3, 16.  El texto nos manifiesta una repulsa hacia la tibieza, a tal punto que usa una expresión muy fuerte, que puede parecer incluso algunos hasta de mal gusto. Pero la fuerza de la figura nos pone a reflexionar ¿Por qué Dios usa una expresión tan fuerte para referirse a la tibieza?

En otros pasajes Jesús nos manifiesta que cuando se trata de Él no hay términos medios. “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama”, Mateo 12, 30. Porque está diáfano que cuando se trata de Dios es todo o nada. Hay que tener muy claro el panorama, el camino cristiano es radical o lo damos todo por Jesús o simplemente renegamos de Él, aunque no sea de manera explícita. Eso es precisamente la tibieza una negación de Dios, solapada escondida, pero al fin y al cabo negación.

Es una situación que nos seduce al no percibir que las consecuencias del pecado original y la suma de todos los pecados personales confiere al mundo en su conjunto una condición pecadora, que es designado por San Juan como “el pecado del mundo”, Juan 1, 29. Por eso llamamos mundo o el mundo la influencia negativa que ejercen sobre las personas las situaciones comunitarias y estructuras sociales, que son frutos de los pecados de los hombres. Es una situación dramática en la que vemos nuestra sociedad con una grave influencia del maligno, a tal punto que la Escritura lo presenta de la siguiente manera: “Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno”, 1Juan 5, 19.

El camino cristiano ha de ser radical y comprende darlo todo por Jesús.

Entonces surge una nueva modalidad de tibieza que es lo llamado “políticamente correcto” en la que ya no es el Evangelio el que nos dice lo que está bien o mal, sino una supuesta opinión imperante. Que claman por reformas para que la Iglesia cambie, para complacer la nueva moral relativista. Nos enfrían diciendo que lo más importante es el amor y por lo tanto hay que aceptar como bueno todo lo que el otro haga. Porque el que se atreva a predicar la sana doctrina será tildado de retrogrado, fanático y fascista. Por eso San Juan nos advierte: “No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él”, 1Juan 2, 15.

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