CulturaVariedad

La vida después de la pandemia

En los ocho textos que tienen una interrelación, se sugiere una dirección, claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis de la humanidad. Además, el Papa busca sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y desconcierto. Esta esperanza se fundamenta en la fe, “porque con Dios la vida nunca muere”.

En los dos primeros mensajes, el Papa habla, de un modo muy personal, lleno de sentimiento, comprometido y esperanzado, sobre las necesidades y los sufrimientos de la gente en diversas situaciones locales. Usando un enfoque cálido e inclusivo, el Papa Francisco, que no reduce las personas a unidades que pueden ser contadas, medidas y gestionadas, con no menos calidez e inclusividad. El Papa desafía a cada uno, sin que importe lo encumbrado o humilde que sea, a atreverse a hacer el bien, a hacerlo mejor.

En el Urbi et orbi hace una invitación para los Jefes de Estado y de Gobierno, quienes toman las decisiones en el mundo, para «cuantos tienen autoridad» para los privilegiados que pertenecen a «una pequeña parte de la humanidad que avanzó, mientras la mayoría se quedó atrás» cuestiona y desafía «a quienes tienen responsabilidades en los conflictos» y a «los que detentan el poder económico». También Francisco escucha y mira a muchos de los que normalmente son silenciados y permanecen invisibles. 

En Pascua habla a los movimientos Populares y la economía informal

“Nuestra civilización necesita bajar un cambio, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable. Asimismo, saluda al mundo de los vendedores de periódicos callejeros, que en su mayoría son personas sin hogar, gravemente marginadas y desempleadas”.

“Qué difícil es quedarse en casa”

Francisco habla con aquél que “vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo, con los migrantes, las personas privadas de libertad, con las mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios y aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones”.

Es tiempo: debemos y podemos

“Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad. Hay un gran deterioro de nuestra casa común. La hemos contaminado, la hemos saqueado, poniendo en peligro nuestra misma vida. No hay futuro para nosotros si destruimos el ambiente que nos sostiene”.

La tentación de volver a lo mismo de antes

¿Por qué no pasar a algo mejor? Nuestra vida tras la pandemia no debe ser una réplica de lo que fue antes. No más combustibles fósiles, monocultivos y destrucción de la selva tropical, ello agrava nuestra crisis medioambiental. No más industria armamentista, con su terrible desperdicio de recursos y su inútil destrucción.

Los paradigmas actuales son insuficientes

“Hay que cambiar los paradigmas y sistemas que ponen en riesgo el mundo entero, porque no resuelven la preservación de la vida humana.  Si seguimos aceptando, una competencia implacable entre intereses individuales, corporativos y nacionales, en la que los perdedores son destruidos, al final los ganadores también perderán, porque este modelo es insostenible a cualquier escala”.

 

 

 

 

 

Una nueva era de solidaridad

ORACIÓN. Una mirada de esperanza

“Poner a todos los seres humanos en el mismo plano de dignidad, cada uno asumiendo su propia responsabilidad y contribuyendo para que todos, uno mismo, los demás y las generaciones futuras puedan prosperar. Hay que reconocer que no somos autosuficientes y, por tanto, encomendarnos a Dios. La oración es fundamental para redirigir nuestra mirada a la esperanza”.

Artículo anterior

Pacífico panameño recibe ballenas jorobadas

Siguiente artículo

Santidad y discernimiento