Espiritualidad

Santidad y discernimiento

P. MIGUEL ÁNGEL KELLER, OSA 

El Papa Francisco es jesuita, pertenece a la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola. Y en la espiritualidad de San Ignacio y de los jesuitas tiene mucha importancia el discernimiento espiritual, al que se refiere Francisco ya al final de su Exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad (Gaudete et exultate ,Gocen y alégrense ,GE 166ss.).

Etimológicamente, discernir significa separar o distinguir. En sentido moral o espiritual significa saber distinguir entre el bien y el mal, entre lo que es y no es voluntad de Dios. Es la sabiduría que pide Salomón al Señor al comenzar a reinar (1Re 3,9), la capacidad de descifrar el significado de la realidad y hasta de predecir el futuro de la misma manera que se predice el clima o el tiempo, como Jesús le explica a los fariseos (ver Mt 16,1-4) . También Pablo se lo desea a los cristianos: “Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. «(Fil.1,9–11). 

A partir sobre todo del Concilio Vaticano II, la Iglesia insiste continuamente en la necesidad de leer y discernir los “signos de los tiempos”: “… es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza”. “El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios” (Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy, (GS 4 y  11). Un Documento del Concilio, en cuya redacción trabajó e influyó grandemente Mons. Marcos McGrath, que en la inauguración de la Conferencia de Medellín tuvo precisamente una iluminadora charla sobre el tema. 

Así entiende y explica el discernimiento espiritual  el Papa, señalando que supone además del esfuerzo personal la ayuda o iluminación del Espíritu Santo: “¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual” (GE 166).

Discernir la realidad es el primer paso del famoso método de reflexión teológico-pastoral ver-juzgar-actuar, que tantos frutos ha dado en la Iglesia latinoamericana. Y es una actitud especialmente necesaria hoy, cuando, como muchas veces se ha dicho, vivimos no sólo una época de cambios, sino un cambio de época, que afecta sobre todo a los jóvenes. Pues la cultura y la vida actual “ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento” (GE 167).

“Somos libres, con la libertad de Jesucristo, pero él nos llama a examinar lo que hay dentro de nosotros ―deseos, angustias, temores, búsquedas― y lo que sucede fuera de nosotros —los «signos de los tiempos»— para reconocer los caminos de la libertad plena: «Examinadlo todo; quedaos con lo bueno» (1 Ts 5,21)” (GE 168). 

Silencio y reflexión, diálogo y buenos consejos, oración y fe, son sin duda las herramientas necesarias para un discernimiento espiritual que haga posible nuestro camino de santidad en el mundo de hoy. Un mundo caracterizado por signos de los tiempos como el cambio, la globalización, la crisis religiosa y la injusta inequidad que engendra pobreza y violencia.

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