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La vocación de servir a Dios en medio de su pueblo 

La vocación de servir a Dios en medio de su pueblo 

Más que una función dentro de la Iglesia, el diaconado permanente es una llamada al servicio. En la Arquidiócesis de Panamá, cerca de 50 diáconos ejercen actualmente este ministerio, mientras unos 60 hombres se encuentran en proceso de discernimiento y formación.  

 

Karla Díaz 

Hay llamados de Dios que comienzan casi en silencio. Para quienes reciben la ordenación diaconal, el camino no termina con la imposición de manos, sino que desde ese momento comienza una vida entregada al servicio de Dios y de su pueblo.  

En la Arquidiócesis de Panamá, alrededor de 50 diáconos permanentes se encuentran activos en parroquias y distintas realidades pastorales. Su servicio alcanza comunidades urbanas y rurales, así como hospitales y centros penitenciarios.  

A ellos se suman aproximadamente 60 hombres que se mantienen en formación y discernimiento, acompañados por la Iglesia en un proceso que busca ayudarles a descubrir si verdaderamente existe en ellos un llamado al ministerio diaconal.  

El diácono César Manzanares, encargado del servicio del Diaconado Permanente en la Arquidiócesis de Panamá, explica que este camino no puede entenderse simplemente como un deseo personal.  

“Lo más importante es discernir la voluntad de Dios, descubrir que no es un deseo humano, sino un llamado divino para servir y escuchar el clamor de su Pueblo”, señala.  

Una vocación que involucra a la familia 

El discernimiento hacia el diaconado permanente comienza en la oración, pero también en el hogar. Por tratarse de una vocación que, en el caso de los hombres casados, involucra directamente a la esposa y a la familia, la decisión no se toma de manera individual.  

El primer paso, explica Manzanares, es conversar con la esposa y la familia. Después viene el diálogo con el párroco, quien acompaña al aspirante y puede presentarlo al proceso de discernimiento del Departamento de Diaconado Permanente.  

“La formación busca que esa primera inquietud vaya madurando con el tiempo, como una semilla que necesita cuidado, oración y acompañamiento espiritual”, señala.  

Por eso, entre los requisitos generales se consideran aspectos como la edad, los años de matrimonio, la estabilidad familiar, la capacidad de servicio y la fidelidad a la Iglesia.   

31 años de camino vocacional 

El testimonio del diácono Fernando Juárez permite mirar esta vocación desde la perspectiva de quien lleva tres décadas caminando en ella.  

El 18 de febrero de 1995 recibió la ordenación diaconal de manos de monseñor José Dimas Cedeño Delgado. Desde entonces, su ministerio ha estado profundamente ligado a su familia y a las distintas comunidades y pastorales donde ha servido.  

Juárez reconoce, en primer lugar, a Dios por haberlo llamado a esta misión y agradece la protección de la Virgen María y el ejemplo de san José, a quien considera modelo de esposo y padre. Pero hay un agradecimiento que ocupa un lugar especial: su familia.  

Su esposa, Rosa, lo ha acompañado durante 44 años de matrimonio, compartiendo también las exigencias y alegrías de este camino vocacional.  

Después de tantos años, su petición sigue siendo sencilla. Se centra en continuar creciendo en conversión y conocimiento, y recibir de Dios la salud y fortaleza necesarias para seguir sirviendo.  

Siete años descubriendo el gozo de servir 

Para el diácono Ricauter Chávez el camino es más reciente. Lleva siete años ejerciendo el ministerio y describe este tiempo como una experiencia en la que se entrelazan las alegrías, las tristezas, los dolores y los momentos de profundo gozo. Sin embargo, entre todas esas experiencias destaca especialmente el gozo de ver al Pueblo de Dios encontrarse con el Señor.  

En palabras de Chávez, llevar el Evangelio durante estos siete años ha sido motivo de alegría y, al mismo tiempo, una invitación permanente a seguir creciendo en la fe y en el amor de Dios. Su deseo es continuar sirviendo cada día más al Señor, con perseverancia y entusiasmo.   

En definitiva, el diaconado permanente es una vocación que se escribe con la vida en la familia, en la parroquia y en el encuentro con quienes más necesitan de la Iglesia.