CatequesisEspiritualidad

Las crisis como llamada espiritual

La crisis que la humanidad pasa, que la Iglesia, que es parte de ella, pasa también, por dura y trágica que sea para muchos, es una oportunidad para despertar y para abrir los ojos a la realidad, para volver a la vida espiritual que a cada uno nos toca vivir, según el estado de vida de cada quien. Dios, en su infinita sabiduría y amor incondicional se vale de todo lo que sea necesario para no perder lo que ama, y si es necesario utilizará el mal para sacar el bien, al malvado para rescatar al justo, al bueno, y lo hará cuando el bien lo requiere (Sab 2, 12. 19-20).

La vida nos enseña que, a fuerza de desengaños, y puestos en las manos del Señor, desde el desorden que la crisis anuncia y denuncia, si uno se deja en sus manos y se propone acoger la conversión al bien, “renacerá una vida nueva, una nueva existencia, un nuevo día, un nuevo orden (cf. Is 65,16b-19). Siempre las crisis, tanto a nivel personal como familiar, eclesial o comunitaria, son momentos propicios para la reflexión y el cambio de conducta. Es la cita que hoy tenemos. Los mismos acontecimientos nos dicen la necesidad de un cambio de conducta en nuestra vida cristiana, la importancia de “volver a las raíces de la humanidad en comunión con la vida espiritual, vol-viendo a las fuentes del evangelio de Jesús de Nazaret”.

La JMJ y la invitación al reencuentro con Cristo

La JMJ es una oportunidad muy especial para formarnos en la espiritualidad del encuentro con Cristo. En Aparecida n.12, el Papa Benedicto XVI nos decía: A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Es Él quien viene al encuentro, es Él quien nos visita, quien nos habla, quien nos señala el lugar donde ha de realizarse, que externamente es PANAMÁ, e internamente es “tu corazón, tu vida interior”. Se trata de ayudarnos a descubrir “el amor mayor de otro amor mejor” (Sn Jn +, 1Sub 14,2) que es el de Cristo que viene a nuestro encuentro; ayudar a experimentar el verdadero amor de Dios en el corazón de las personas que nos preparamos para esta cita mundial a la que Jesús nos invita. Una experiencia de encuentro que supere toda comparación con amores y temores terrenos y pasajeros, esos que ofrece el mundo y sus atractivos, y que nos sacan a jóvenes y demás personas, del camino de la vida interior según Cristo. El amor de Dios experimentado, vivido en ese encuentro, es el que hace posible que aparezca el gusto y la fuerza necesaria para negar todos los otros amores que nos separan del buen camino.

¿Y después de la JMJ qué?

Aprendemos aquí que la parte espiritual es la que más necesita atención para una buena preparación, y para mantenerse en el buen camino después del encuentro con Cristo, y en nuestro caso, “después de la JMJ”. El grado de espiritualidad que adquiramos es el que marca el camino de vivencia de este encuentro, y de la perseverancia en lo que nos toca vivir a cada uno antes, durante y después de la experiencia de la JMJ. Si no lo hacemos así, “no podremos vencer el yugo natural” que nos inclina a la atención de las ofertas de esta vida, y no podremos perseverar en esa comunión con el bien experimentado.

El encuentro con Cristo, no deja indiferente a nadie, y prueba de la autenticidad del encuentro es, “el cambio que produce en la persona”, y la forma como la vincula al Amor del Señor, y a llevar una vida en bien de los demás. Si el joven tiene un verdadero encuentro con Cristo en esta cita de la JMJ, será llamado a una vida diferente. Es como si en su corazón dijera: “algo habrá que hacer para ayudar al Crucificado. En algo me debo comprometer y así lo haré”. Esa experiencia personal con Cristo es la que capacita para ver y atender la vida cada día de forma diferente, y es el camino que nos señala a volver a Cristo en la vida y acontecimientos de cada día, particularmente el que estamos próximos a vivir, la JMJ.

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