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Las huellas del Diaconado Permanente

El domingo 19 de junio de 1977, se convirtió en un día histórico en la vida cristiana panameña con la institución de los siete primeros diáconos permanente, comienzo de un nuevo caminar con Cristo y su Evangelio, a la luz del Concilio Vaticano II. En esa época con el respaldo de monseñor Marco Gregorio McGrath, quien desempeñaba el cargo de Arzobispo Metropolitano de Panamá, relató el diácono jubilado, Modesto Contreras, que fue parte de estos primeros diáconos.

Los siete primeros diáconos ordenados en Panamá fueron: Everardo Montenegro, Ramón Hernández, Juan Antonio Arcia Caicedo, Modesto Contre-ras, Enrique Molina, Abel Ro-mán (Q.E.P.D) y Fidel González (Q.E.P.D), en el Iglesia Cristo Redentor de San Miguelito.

Recordó el Diácono Everardo Montenegro que la aplicación del Concilio Vaticano II en Panamá, desencadenó un proceso de renovación de la Iglesia, cuando el Arzobispo Clavel autorizó la Misión de la Arquidiócesis de Chicago, con el equipo dirigido por el Padre Leo Mahon.

Montenegro respalda la versión de Contreras y destacó que años después las relaciones se establecieron entre Monseñor McGrath, quien participó de este Concilio y el cardenal de Chicago, Jonh Patrick Cody, solicitándole monseñor Mcgrath que le enviara un equipo de sacerdotes para evangelizar en San Miguelito, ya que este lugar tenía poca atención de la iglesia, y era habitado por personas del área de Chorrillo y Calidonia.

El Cardenal envió un equipo de cinco sacerdotes, siendo el padre León Mahon, coordinador del equipo, un hombre de una gran visión, con mucha sabiduría e inteligencia, describe el Diácono Montenegro, al igual que el Diácono Juan Arcia, el único de los siete primeros ordenados que aún brinda su servicio a la iglesia, específicamente en la parroquia Cristo Servidor en el sector de Villa Lucre y Brisas del Golf y también brinda su apoyo a los aspirantes al diaconado permanente en su preparación.

El novedoso modelo de Iglesia del año 1963, conformado por diferentes realidades del pueblo, laicos, religiosas y sacerdotes misioneros de la diócesis de Chicago en Estados Unidos, empezaron a incorporar a hombres, mujeres y jóvenes de aquella nueva región de San Miguelito. “Esto originó una serie de acontecimiento pastorales, eclesiales, teológicos y espirituales, adelantados a la luz del Concilio Vaticano II, tal fue el caso del Diaconado Permanente para hombres casados, que tiene sus raíces bíblicas en el Nuevo Testamento, que permitían la participación y contribución del laicado masculino en las tareas de la iglesia, especialmente aquellas que tienen que ver con la atención a los necesitados,” resaltó Contreras.

La Vocación

La figura del Diaconado Permanente tiene actualmente mucha utilidad en Panamá y en el mundo, por las graves, profundas y crecientes necesidades humanas, resaltó el Diácono y Sociólogo, Arcia. Su vocación para el diaconado permanente surge precisamente de ese proceso de evangelización en San Miguelito con las comunidades de base y sostiene que fue su esposa quien lo llevó a compenetrarse en la Iglesia.

Con la intención de contraer matrimonio acudió a la capilla de San Martín de Porres, de Loma La Pava, pero el padre solicitó permiso al párroco de su comunidad, para enviarlo al Valle de San Isidro en San Miguelito donde el padre Juan Enright, encargó a Modesto Contreras para que le diera la formación prematrimonial.

“Cuando escuché a ese hombre hablar con sencillez y profundidad, entendí el sentido de la iglesia y me quedé, él tenía como tres años más que yo en el proceso de formación”, afirmó el Diácono Arcia.

  La Ordenación

El proceso para la ordenación de los siete primeros diáconos no fue tan sencillo, primero remitieron una carta a Roma para la autorización, la que fue negada, debido a que todavía no había concluido el Concilio Vaticano II, relata Arcia.

Dos años después volvieron a enviarla y le solicitaron un currículo de materia para la formación con el cual contaban los siete diáconos, por lo que se procedió a organizar la ordenación. “El recibimiento y la aceptación de los siete primeros diáconos fue unánime”, afirma Arcia.

Los retos

Para Arcia el reto para el Diaconado Permanente de Panamá es volver a las comunidades eclesiales de bases, coordinar y preparar a hombres en la fase teológica y social en áreas específicas, mejorar la relación entre los sacerdotes y diáconos.

“Los diáconos deben mantener la persistencia, ser humildes, sencillos, honestos, responsables, utilizar ornamentos sencillos, nada de lujos ni espaviento, nuestra iglesia es de fe, y no son las cosas materiales lo que realmente van a reflejar el futuro de la iglesia”, destacó.

Resaltó que los diáconos están al servicio del obispo, pero si es asignado a una parroquia, debe recordar que está asignado al párroco. Además, entre el párroco, el diácono y el Consejo Pastoral, deben preparar los diferentes proyectos de formación, con proyectos sencillos.

Agradecimiento

Durante la Cita Eucarística del 23 de mayo de 2016, el Arzobispo José Domingo Ulloa, agradeció en el Jubileo de los Diáconos Permanentes, la labor de estos tres diáconos, el apoyo y respaldo que han tenido de sus familias.

“Quiero agradecerles a los diáconos la disponibilidad de darle un SI a Dios, así como a sus esposas e hijos. Este es un ministerio que no se puede realizar jamás sin la compañía de la familia. Por eso, su primer ser-vicio es la atención a sus seres queridos, su fidelidad a la vida conyugal y a su responsabilidad como padre de familia, siendo animador de la vida cristiana entre ellos. Hoy reconocemos y agradecemos a los primeros diáconos ordenados en Panamá.

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