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Los milagros siempre tienen un fin espiritual 

¿Me encierro a esperar la muerte o le abro las puertas a la vida?, esta pregunta se la hizo hace diez años Juan Carlos Monge, luego de ser diagnosticado con un cáncer terminal, estando en su país natal, Costa Rica. 

Para el pasar por tratamientos de quimioterapia y radioterapias fue un calvario, al ver sus afectaciones físicas por tantos años y notando en cada chequeo médico la persistencia de células cancerígenas en su organismo. 

Actualmente tiene 66 años de edad, y sirve junto a su actual compañera de vida y futura esposa Marcia Cator, en el Centro de Orientación San Juan Pablo II en agradecimiento por el milagro concedido. 

Asegura haber sido sanado mediante un golpe de fe. “Acá estoy, devolviéndole al Señor un granito de arena, luego de recibir grandes bendiciones” afirmó Juan. 

Comenta que, en el Retiro Precuaresmal organizado por su parroquia San Judas Tadeo, ocurrió el milagro. “Cuando el padre Severo Samaniego colocó frente a mi al Santísimo, sentí un calor por todo mi cuerpo y me desmayé, jamás algo así me había pasado” afirmó.
Semanas después le tocaba consulta médica y el doctor le aseguró que en su cuerpo no se evidencian rastros tumorales. 

Juan cree firmemente que Dios le regala otra oportunidad, para vivir sirviéndole por medio de los descartados de la sociedad. 

Junto a Marcia asisten todos los días al Centro San Juan Pablo II para colaborar en la cocina, sirviendo almuerzos o lavando platos. Él específicamente apoya como consejero espiritual y facilitador los días martes desde las 10 de la mañana a hombres y mujeres con adicciones. 

“Dios escribe recto sobre líneas torcidas” 

Quien ve a Juan Carlos no imaginaría que hace unos 25 años atrás, dormía en cartones, en un terreno baldío, sumergido en el mundo de las drogas. Había perdido todo, su familia y hasta el amor propio pues no le importaba ni siquiera bañarse. 

Inició consumiendo alcohol, luego probó la marihuana, la cocaína y el crack. Estuvo preso en varias ocasiones y hasta interno en un hospital producto de una sobredosis. 

Su papá le ayudó a internarse en Hogares Crea, luego de dos años se recuperó, se reeducó y sirvió hasta como director en varios centros de rehabilitación de Costa Rica. 

Hoy el Señor le llama a servir en esta obra de la Iglesia panameña, junto a su amor que reencontró y juntos dan testimonio para la Gloria a Dios. 

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