Portada

¿Mi ahorro es para lo que quiero o para lo que necesito?

Durante el mes de diciembre muchos panameños ven coronados sus sueños de recibir el producto de sus esfuerzos compilado durante al menos 50 semanas a través de sus ahorros navideños. Tan solo en la banca estatal se desembolsaron en días recientes unos 37 millones de dólares bajo ese concepto.

Algunos bancos para incentivar el hábito de la reserva de su dinero ofrecen semanas gratis, permiten la realización de descuentos directos del salario, al igual que realizar el pago a través de la banca en línea.

No obstante, la publicidad inserta de pegajosas melodías y mensajes que aseguran que tras adquirir el producto publicitado, encontrarán la felicidad y de paso fomentarán la envidia del vecino – quien mirara desde su ventana como llega lo adquirido a su casa – hace que se les olvide el sacrificio de todo un año, y corran a los almacenes, sin preguntarse si realmente lo que va a poseer lo necesita o simplemente lo quiere para satisfacer un deseo personal.

Al finalizar ese carnaval de compras llega enero y con ello el regreso a la realidad, en la que se empieza el mismo ciclo, al quedarse nuevamente sin fondos. Todo este mal es lo que define el diccionario de la Real Academia de la lengua como consumismo siendo esta la tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios.

Uno de los factores que lleva a quienes caen es en esta predisposición es la vanidad, mal el cual definió el propio papa Francisco, en septiembre de 2016, en la capilla de la Casa Santa Marta, “como una osteoporosis del alma”, pues intenta enmascarar el exterior para ocultar el vacío interior.

La psicóloga Itza Urriola, coincide con este planteamiento del Santo Padre al afirmar que básicamente el consumismo sucede porque las personas generalmente viven sobre el presumir y demostrar a otros su estatus económico.

“El estatus que es tan necesario para encajar, significa que yo, gastaré sin medir las consecuencias, nadie piensa en que puede ocurrir una crisis y se necesitara dinero… es vanidad, apariencia”, puntualizó Urriola.

Entretanto la socióloga Verónica Solanilla, nos dice que, dentro de la sociedad capitalista, el individuo cambia su fuerza de trabajo por un salario, pero dicho sueldo no está siendo bien administrado.

Destacó que la sociedad se ve envuelta por el pensamiento consumista a través de diversas formas, pero principalmente por los medios de comunicación y más recientemente por las redes sociales.

Indicó que para evitar caer en esta tendencia, es necesario to-mar medidas concretas para la mejor administración de nuestros ingresos.

Incremento con el tiempo

Giovanni Fletcher, presidente del Instituto Panameño de Derecho de Consumidores y Usuarios (Ipadecu), determinó que si se verifica el nivel de endeudamiento personal que hay en Panamá, y la sobremorosidad del crédito, evidentemente el panameño no ha entendido la necesidad de priorizar sus necesidades.

Resaltó que esta época del año no tiene como fin agotar los fondos privados personales, y que el consumismo, no es más que un sustrato que lamentablemente el mercado creó, para beneficio de algunos proveedores.

Sostuvo que es importante la elaboración de un presupuesto por escrito, en el cual puedan direccionar las cosas que son más importantes y urgentes, frente al común denominador de las necesidades que normalmente se tiene para esta época.

También instó la visita a centros comerciales y comercios, para verificar donde se registran las mejores ofertas, como una forma de ahorrar.

El presidente de IPADECU subrayó que debe evitarse que esas compras sean solventadas a través del pago con tarjetas de crédito, por poseer niveles de interés bastante altos, que compiten con cualquier tipo de proyección de ahorro.

Reiteró que el consumidor accede a fondos alternos como el bono de navidad, ahorro, decimotercer mes, por lo que sabe cuánto va a recibir, y cuáles son las necesidades imperiosas o urgentes, y que dentro de ellas no está el acceso bienes lujosos e innecesarios.

Expuso a modo de ejemplo el comprarse el equipo celular más caro del mercado con 800 tipos de funcionalidades, cuando el usuario común utiliza el móvil normalmente para chatear, marcar o recibir llamadas.

“Hay que proyectar la conciencia que el mundo no se acaba en diciembre”, sentenció.

Artículo anterior

Mujer a prueba de fuego, ¿te ha tocado un matrimonio difícil?

Siguiente artículo

Agua Fría recibe visita de monseñor Hernández