editorial

Misión del papa en el mundo

En el marco de la solemnidad de San Pedro y San Pablo el pueblo católico del mundo dedica una especial jornada de oración y reflexión en torno a la persona y figura del Santo Padre. 

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, fue la misión confiada a Simón bar-Jona por Jesucristo, quien le dio las “llaves del Reino de los Cielos” con el poder de “atar y desatar” (Mt. 16, 19), para “confirmar a los hermanos en la fe”, y marcó la trascendental función del Papa. 

Desde ese apóstol débil, apasionado, tremendamente humano en su hacer y sentir, va extendiéndose la historia de la Iglesia, marcada por las características de los tiempos, pero sostenida por la voluntad de Dios, hasta llegar a nuestros días, tan especiales por la evolución de la civilización, pero tan firme y decidida como su nacimiento.

Acorde con la revolución tecnológica, con una sociedad cada vez más laical, en respuesta a una apetencia espiritual menos contemplativa, nuestro Papa es una demostración más de la fuerza sobrenatural que sostiene y mantiene a la Iglesia.

La decisión espiritual de cientos de millones de personas, provenientes de tantas culturas y con realidades sociales, económicas, y políticas tan disímiles, no es ni puede ser una tarea fácil. El ser humano es rebelde e inconstante, de ahí las dificultades para una dirección que satisfaga a todos.

En este caso, el Pontificado de Francisco se caracteriza por su dinamismo, por una espiritualidad personal que trasciende, que invita a no pensar en calamidades de antemano, sin dejar de abordar los problemas de fondo que afectan a las convulsas sociedades contemporáneas. Un Papa que aconseja la práctica del diálogo antes que el desprecio de las posiciones de los demás. 

Oremos por la misión de nuestro máximo Pastor. 

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