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Mujeres protagonistas de la Iglesia Católica en Panamá

Algo que valoró Jesús fue a la mujer, como persona e hija de Dios. En las Sagradas Escrituras vemos en reiteradas ocasiones como siempre estuvieron presentes, desde su inicio, hasta la pasión, muerte y resurrección. 

San Marcos en su Evangelio relata que “habían también unas mujeres, mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.” (Mc 15,40-41). 

Muchos testimonios demuestran que son servidoras leales, pero sobre todo comprometidas al seguimiento de Jesús. Tal es el caso de María Inés González, conocida como la “Hermana Inés”, una panameña que por más de 33 años sirvió como mano derecha del res- petado y conocido Monseñor Mar- cos Gregorio McGrath, Arzobispo de Panamá.
“Antes buscaban a la mujer para que ayudara a organizar una pro- cesión o para otros trabajitos eventuales. Desde el Concilio Vaticano II, Monseñor McGrath manifestó, en varias Asambleas Pastorales, su opinión sobre el pa- pel protagónico de la mujer en la 

Iglesia y en la sociedad, él creía que éramos capaces de generar pensamientos y acciones que necesitaba el momento que se estaba gestando”, afirmó. 

María Inés formó parte de la Comunidad de las Misioneras Catequistas de la Medalla Milagrosa. Allí hizo sus votos de castidad, pobreza y obediencia. “Tengo votos privados, los renuevo siempre” dijo. 

Valiente en plena dictadura 

“A mí no se me veía, pero yo pasaba noches enteras, sacando los documentos de la Conferencia Episcopal Panameña, los transcribía y los enviaba por fax al exterior. Era la tecnología más avanzada que teníamos”, comenta entre risas. 

Relata que en una ocasión le sonó el teléfono de madrugada para amenazarla. “Sabemos que tu eres la que envías los comunicados de la CEP y del Arzobispado, ¡cuídate! te tenemos en la lista” le dijeron sin identificarse. 

“Nunca me arrepentiría haberme dedicado a Dios y a su Iglesia, esta es mi vida”, manifiesta la hermana, quien con sus 78 años de edad participa activamente en su parroquia San Antonio de Ciudad Jardín. 

Afinidad con los jóvenes 

Aún con sus quebrantos de salud la Hermana Inés sigue siendo la responsable de la Sala Museo Monseñor Marcos Gregorio McGrath. Espacio organizado por ella con el apoyo de la Universidad Santa Ma- ría la Antigua. A través de libros, documentos, fotos y objetos personales se da a conocer la vida y obra de este pastor de la Iglesia. 

Por voluntad de Dios este lugar lo usa también para aconsejar a muchos jóvenes que sufren y necesitan ser escuchados. 

“Hace tiempo veía a un chico que se la pasaba retraído con unos audífonos puestos, aislado del mundo. Llamé su atención hablándole de rock y le invité a la sala. A los días llegó y le saludé por su nombre, lo anoté en el libro de visitas porque sabía que vendría. Observé que tenía dificultades del habla, de allí la causa de su complejo”. 

La hermana asegura que después de varias conversaciones, el chico fue visto rodeado de amigos. “Le hice ver que un verdadero amigo te acepta como eres,” expresó. 

Entregada a los pobres 

Mirtha Yangüés ha vivido casi toda su vida en el barrio Santa Ana, donde es conocida por su entrega incondicional al apostolado que ejerce desde su parroquia. 

Diariamente es vista en el Comedor Jesús en los Pobres, acá llega muy temprano, luego de visitar al Santísimo, a quien le pide fuerza y paciencia para servir a estos hermanos que viven en situación de calle. Algunos llegan tomados o drogados; más de 80 personas diariamente buscan su almuerzo y cena. 

“Les digo que no tenemos dinero, pero si mucho amor para servir- les. Han aprendido a orar, recogen la basura. Rezan el rosario, cantan y dialogamos con ellos sobre el Evangelio, para saber si están asimilando. Realmente veo el rostro de Cristo en ellos”, manifestó emocionada. 

Mirtha tiene 56 años de edad, es casada, tiene tres hijos y seis nietos, a quienes trata también de atender sin falta. “Dios se encarga de dar tiempo para todo, soy catequista de bautismo, primera comunión, con el apostolado de la Divina Misericordia nos reunimos en diferentes lugares para alabar al Señor y meditar los mensajes de Santa Faustina”, relató. 

Para esta catequista, María es el ejemplo a seguir. “Fue la primera evangelizadora, nos conoce como madre y nos motiva a seguir sirviendo a su Hijo. Este trabajo lo seguiré haciendo, así algunos familiares digan que tienen que sacar cita en la parroquia para verme”, comenta entre risas. 

Mujer de fe 

A Leticia F. de Liakopulos, desde muy niña, sus abuelos la llevaban para que limpiara la imagen de la Virgen del Carmen en el templo Pocrí de Los Santos. Para ella, este momento y su participación en los actos de la Semana Santa, marcaron su corazón y su mente para siempre. 

Es conocida por ser fiel colabora- dora de grandes obras de la Iglesia arquidiocesana, participó en la formación de la Pastoral Juvenil en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía. Formó parte del grupo de Amigos de Radio Hogar y es una de las colaboradoras para la fundación del Instituto Panameño de Educación por Radio (IPER), obra a la que ha dedicado gran parte de su vida. 

En 1989, Leticia vio la necesidad de aportar algo positivo para sobrellevar los tiempos difíciles que vivía Panamá. Desde la Comisión Arqui- diocesana de Oración empezaron a repartir volantes para invitar a orar por la Patria. 

“Realizábamos jornadas de oración en diferentes templos, son muchos los motivos que nos mueven a implorar a Dios. Estas practicas las seguimos realizando por las elecciones, por los estragos que produce la sequía y por nuestra Iglesia. Siempre invitamos a la feligresía por todos los medios. Nos mueve el amor a Dios y a nuestra patria” manifestó. 

Tiene 56 años de casada, tiene cuatro hijos y quince nietos que la aman profundamente. 

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