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Obispo y laicos alzan su voz frente a la ola de violencia en Colón

Colón es una de las provincias más golpeadas por la violencia y ante esta realidad se pide mucha oración para que haya ambiente de paz y fraternidad.

Yoel E. González N.

La provincia de Colón atraviesa una recurrente situación de violencia, que muchos creen se debe al deterioro familiar, aunado a la realidad social por la que atraviesan.

Más de 40 víctimas, producto de la violencia, se han registrado por delitos vinculados presuntamente al narcotráfico y otros males sociales, en lo que va del año 2021. Ante esta situación, Monseñor Manuel Ochogavía Barahona, Obispo de la Diócesis de Colón-Kuna Yala, manifestó su preocupación e hizo un llamado a la paz y a crear los escenarios para ayudar a las familias y jóvenes que son víctimas de estos flagelos.

Rochelly Palacios / Estudiante de Derecho
Esperar que otros cambien es utópico sino se hace un llamado a la conciencia de quienes forman a los jóvenes y futuros profesionales.

“Ciertamemente Colón ha vivido una época de estremecimiento, a causa del aumento de la violencia que ha generado luto y dolor a tantas familias de esta diócesis”, advirtió el obispo; “un problema que crece, pero que no se resuelve con la ejecución de proyectos temporales, advirtió.

Aseguró que para atender esta situación es necesario un proceso interdiciplinario y multisectorial, donde todos, iglesia, entidades de seguridad, empresarios, familias, movimientos, organizaciones civiles sean parte de la búsqueda de la solución o al menos de las herramientas que se requieren para mejorarlo.

Para Monseñor Ochogavía hay elementos que son necesarios atender, que parten de la garantía de perseguir y castigar el delito, una justicia independiente y que no esté filtrada por el crimen organizado.

Asimismo agregó que el Estado está llamado a garantizar una justicia efectiva que vaya de la mano con la prevención.  “Pero también toca como sociedad civil, propiciar una justicia social que permita el acceso a una mejor calidad de vida y para eso es necesario que se cumplan todos los derechos de los colonenses: vivienda, educación y salud”, afirmó.

Denis Davis / Parroquia Virgen del Carmen, Buena Vista
Se requiere una mayor participación ciudadana, y trabajo en conjunto con las autoridades para poder erradicar la violencia en las calles.

El obispo recalcó que organizar actividades de entretenimiento no es la solución e insistió que como sociedad hay que ser mucho más pro activos en la búsqueda de soluciones. “Todo esto tiene que ir de la mano de una intervención social y una política de acción social”, recomendó.

“Muchas veces, los proyectos que se promueven para erradicar la violencia, no están siendo abordados de manera interdisciplinaria, mucho menos la realidad de las familias disfuncionales que necesitan cubrir las necesidades materiales, sociales, culturales, espirituales y afectivas de sus miembros, comentó el obispo.

“En las familias está la clave de todo esto, evitar los caldos de cultivos donde se presentan estas carencias, que al final generan mayor violencia”, expresó Monseñor Manuel Ochogavía Barahona.

Asimismo reconoció que como iglesia es necesario tener una presencia participativa y de acompañamiento de manera particular en las necesidades espirituales, sin dejar de atender la parte social que golpea a tantas familias con carencias materiales y necesidades básicas”, agregó.

Jean Carlos Choy/ Parroquia Sagrada Familia, Margarita
Es fácil culpar a las autoridades, pero es necesario el auto anàlisis preguntarnos si estamos educando bien a nuestros hijos e hijas.

Ser testigos y actores determinantes

Mariana Solís de Angulo participa en la parroquia San Vicente de Paul, a su parecer como padres de familia todos tienen una gran responsabilidad, “somos la iglesia doméstica, dentro de ella aprendemos lo básico, y jugamos un papel importante dentro de la formación de nuestros hijos. No podemos negar que vivimos una cultura de violencia, de hogares donde esta se genera, donde la ausencia total de la autoridad es innegable”, señaló.

Para esta abuela y madre de familia es lamentable que en muchos hogares prevalezcan factores de conductas inadecuadas como la falta de respeto del hijo al padre y viceversa. “Se ha perdido el respeto a la autoridad de los padres o mayores dentro de los hogares, y mientras esta situación persista no habrá cambios y los niveles de violencoa se mantedrán”, subrayó.

Criticó a las madres que buscan ser “amigas” de sus hijos y no ejercen su autoridad como madres. “A los hijos hay que enseñarles que ellos tienen deberes y derechos”, afirmó.

“El rol de los padres se ha perdido, hemos fallado y es una realidad. Es preciso evaluar el trabajo en casa, el compromiso en conjunto para alcanzar esa anhelada familia sana, porque nunca es tarde para reiniciar”.

VISIÓN. La niñez y la juventud son la esperanza de Colón.

Por su parte, Angienely Humphries Walles de la capilla San Juan Pablo II, explica que erradicar la violencia atacando a los jóvenes que forman parte de estos grupos delicuenciales, no debe ser el enfoque, porque los jóvenes son simplemente peones de un gran juego del cual ni siquiera nos imaginamos quien lo dirige.

Para lograr la paz es necesario un compromiso e interacción social que busque el bien común.

Humphries observa que ciertamente muchos jóvenes entran en esta vida de violencia por voluntad propia, por ser una forma fácil de obtener las “cosas”, pero hay otros que lo hacen por necesidad, pero sobre todo por falta de orientación, y muchos que son obligados ha formar parte por amenazas.

Para esta joven es bastante difícil y todo un reto para las parroquias, inclusive para las escuelas atender esta situación, donde el entorno donde viven los jóvenes es quizás mas fuerte que la propia voluntad de ellos, por lo tanto, un trabajo difícil tratar de erradicar o disminuir la violencia.

JESÚS. La Iglesia pide al Señor de señores que ilumine a nuestros niños y jóvenes colonenses.

Luis Samir Zúñiga, miembro de la pastoral vocacional, piensa que no se trata solo de que la intervención de las autoridades que tienen que ver con familia; al mismo tiempo “hay que orar y pedir a Dios para que haya paz en los hogares y en las calles de Colón”, acotó.

Afrontar la realidad con compromiso

MISIÓN. Iglesia diocesana pide orar por la paz.

El padre Luis A. Martínez, párroco de la parroquia San Vicente de Paul, comentó que “no podemos mantenernos sólo con el impacto de la noticia, es necesario afrontar la realidad con un verdadero compromiso de combatir la violencia y el crimen que envuelven a nuestros niños y jóvenes, convirtiéndolos en víctimas y victimarios”.

El sacerdote considera que “cada vez que suceden estos actos, se evidencia el fracaso de nuestra sociedad, de las autoridades y de las Iglesias, que no hemos sido capaces de frenar los males que afectan a nuestra niñez y juventud colonense”, reconoció.

“Vivimos secuestrados por aquellos que se imponen con el poder de las armas y del dinero”, indicó el padre Martínez, y que mucho tiene que ver el silencio nos ha hecho cómplices, pues nuestra indiferencia ha permitido que el crimen organizado y la violencia se adueñen de nuestra sociedad y de sus instituciones.

“Debemos unirnos como una sociedad que busca un bien común y poder sensibilizar a nuestro entorno para que podamos vivir en paz y armonía sin divisiones”, puntualizó.

Armando Torres, de la Pastoral Vocacional, señaló que la violencia en Colón se da por la falta de educación, de sensibilidad de las personas y de empleo. “Si no se atiende la violencia, con respuestas efectivas y con campañas de dirigidas a los jóvenes, tendremos que vivir mucho tiempo con este flagelo de la sociedad”, lamentó.

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