Clero

Orando por la unidad

José-Román Flecha Andrés

Desde el día 18 al 25 de enero celebramos todos los años un octavario de oraciones, pidiendo al Señor el don de la unidad de los cristianos.

En este tiempo tan turbulento, la pandemia nos ha obligado a considerar nuestra debilidad. El castillo de nuestra autosuficiencia personal se ha desmoronado. Hemos comprendido que todos necesitamos la ayuda de todos. Unas veces para no contagiar a los demás y otras veces para no ser contagiados por ellos.

Ante una situación de emergencia y de grave riesgo universal, poco importan las diferencias de país y de lengua, de cultura y de religión. Es verdad que, lamentablemente, aun esta epidemia ha sido utilizada por muchos para afianzar viejas diferencias y escandalosos intereses de grupos.

En la impresionante oración del día 27 de marzo de 2020, en una desierta y oscura plaza de San Pedro, el papa Francisco nos decía que, en esta hora de borrasca, tenemos que recordar que todos vamos en la misma barca. Si esa conciencia vale para toda la humanidad, es especialmente interpelante para la comunidad de todos los cristianos.

Posteriormente, el día 2 de octubre de 2020, el papa firmaba ante la tumba de san Francisco de Asís su carta encíclica “Fratelli tutti”,  es decir, “Hermanos todos”.

 En el número 280 de la misma nos exhortaba a pedir a Dios que “afiance la unidad dentro de la Iglesia, unidad que se enriquece con diferencias que se reconcilian por la acción del Espíritu Santo”. Tanto en momentos de calma como en tiempos de turbación, formamos un solo cuerpo, en el que cada uno puede aportar su mejor parte.

 El Papa se refería, ciertamente a los fieles de la Iglesia católica. Pero a renglón seguido tendía su mirada hacia un horizonte más amplio y nos recordaba que “urge seguir dando testimonio de un camino de encuentro entre las distintas confesiones cristianas”.

Tras evocar el deseo de que todos seamos uno, que expresó Jesucristo en la oración que siguió a su última cena, el papa Francisco interpelaba a todas las comunidades que se amparan bajo la enseñanza y el ejemplo del Maestro: “Escuchando su llamado reconocemos con dolor que al proceso de globalización le falta todavía la contribución profética y espiritual de la unidad entre todos los cristianos”.

Estamos convencidos de esa falta. Sabemos que la meta es difícil. Pero no podemos abandonar un empeño que es una vocación. Así pues, “mientras nos encontramos aún en camino hacia la plena comunión, tenemos ya el deber de dar testimonio común del amor de Dios a su pueblo, colaborando en nuestro servicio a la humanidad”.

Es oportuno recordar este mensaje durante el octavario de oración por la unión de todos los cristianos. Y ver qué pasos podemos dar, como personas y como comunidad, para ir avanzando hacia esa meta siempre esperada.

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