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Pandemia: el descuido a los ancianos

Pontificia Academia de la Vida difundió un documento donde se advierte sobre la condición de las personas mayores después de la pandemia. «Soledad y aislamiento» padecieron ancianos durante el primer año de crisis por el coronavirus.

Redacción

El documento se titula: «La vejez: nuestro futuro”. Advierte sobre la situación de «soledad y aislamiento» que padecieron los ancianos durante el primer año de crisis mundial por el coronavirus.

Durante la primera oleada de la pandemia, una parte sustancial de las muertes por COVID-19 se produjo en instituciones para ancianos, lugares que se suponía que debían proteger a los más frágiles de la sociedad y en los que, en cambio, la muerte golpeó desproporcionadamente más que en el hogar y el entorno familiar.

“Lo que ha sucedido durante la pandemia de COVID-19 nos impide resolver la cuestión de la atención a los ancianos con la búsqueda de chivos expiatorios, de culpables individuales y, por otro lado, de levantar un coro en defensa de los excelentes resultados de los que evitaron el contagio en las residencias. Necesitamos una nueva visión, un nuevo paradigma que permita a la sociedad cuidar de los ancianos”.

Necesitamos un nuevo paradigma que permita a la sociedad cuidar de los ancianos.

El documento empieza con un recuerdo a la vigilia histórica del Papa Francisco en una vacía plaza de San Pedro, el 27 de marzo pasado, cuando el pontífice hizo un llamamiento a “permitir nuevas formas de hospitalidad, fraternidad y solidaridad».

La intención es proponer el camino de la Iglesia, a un mundo cambiado por COVID-19, que de sentido y esperanza.

COVID-19 y las personas mayores

Una parte sustancial de las muertes por COVID-19 se produjo en instituciones para ancianos. No se trata de resolver la cuestión de la atención a los ancianos con la búsqueda de chivos expiatorios, de culpables individuales. “Necesitamos una nueva visión, que permita a la sociedad cuidar de los ancianos”.

Proyecciones para el año 2050

Los hombres y las mujeres tienen en general, hoy en día, una más larga esperanza de vida. Según datos de la Organización Mundial de la Salud en 2050 en el mundo habrá dos mil millones de personas mayores de sesenta años, es decir, una de cada cinco será anciana.

SUEÑAN. Jóvenes y adultos.

Ser mayor es un don de Dios

“Llegar a anciano es un don de Dios y un enorme recurso, un logro que hay que salvaguardar con cuidado”, dice el documento, “incluso cuando la enfermedad llega a discapacitar y surge la necesidad de una atención integrada y de alta calidad”.

Un nuevo modelo se presenta

Un modelo sobre todo para los más frágiles. Donde la atención sociosanitaria integrada y la domiciliación sigan siendo el eje de un nuevo y moderno paradigma”. Una red más amplia de solidaridad “no exclusivamente”, basada en lazos de sangre, sino articulada según el sentimiento común.

Encuentro entre generaciones

El documento evoca un «encuentro» que puede aportar al tejido social, y deja claro que «es solamente gracias a los ancianos que los jóvenes pueden redescubrir sus raíces, y sólo gracias a los jóvenes que los ancianos recuperan la capacidad de soñar».

La fragilidad como enseñanza

Es valioso el testimonio que pueden dar los ancianos con su fragilidad. “Es la edad particularmente propicia al abandono en Dios”: “a medida que el cuerpo se debilita, la vitalidad psíquica, la memoria y la mente disminuyen, la dependencia de la persona humana a Dios se hace cada vez más evidente”.

Punto de inflexión cultural

TAREA. Cuidar a los ancianos.

La Academia Pontificia para la Vida hace un llamamiento a toda la sociedad civil, la Iglesia, el mundo de la economía y de las comunicaciones sociales a sentir la responsabilidad de sugerir y apoyar nuevas e incisivas medidas que permitan acompañar y cuidar a los ancianos en contextos familiares, y entornos domésticos. Este es un cambio cultural que debe implementarse”.

 

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