Visitas domiciliarias permiten identificar necesidades urgentes y consolidar acciones conjuntas de acogida y protección.
Por Marianne Colmenárez
Ochenta y dos personas migrantes, entre ellas 16 menores de edad, permanecían en la Estación Temporal de Recepción Migratoria de San Vicente, en Darién, cuando la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá realizó una gira de monitoreo en abril.
La cifra refleja una nueva dinámica migratoria marcada por el aumento del contraflujo hacia Suramérica y por desafíos humanitarios que exigen una respuesta, cada vez más articulada, entre la Iglesia, el Estado y las organizaciones de apoyo.
Con ese propósito, la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá desarrolló jornadas de trabajo en las zonas fronterizas del Vicariato Apostólico de Darién y de la Diócesis de David, específicamente en Paso Canoas.
Las visitas permitieron conocer la situación de las personas migrantes en tránsito, retorno o permanencia; fortalecer alianzas pastorales y acercarse a las familias que enfrentan condiciones de mayor vulnerabilidad.

Nuevos flujos migratorios
Durante la visita al Darién, el equipo sostuvo una reunión con el mayor Rolando Carrión, responsable de la Estación Temporal de Recepción Migratoria de San Vicente, quien manifestó apertura para coordinar esfuerzos con la Pastoral de Movilidad Humana a escala nacional y local.
Actualmente, gran parte de la atención humanitaria a la población migrante recae sobre el Estado panameño, incluyendo seguridad, asistencia básica y procesos de retorno. La reducción del financiamiento internacional ha generado nuevas limitaciones para responder a necesidades específicas de la población más vulnerable.
Joanne Álvarez, coordinadora de proyectos de la pastoral, señaló que durante el recorrido se identificaron casos visibles de desnutrición y la necesidad urgente de complementar la alimentación infantil. “Faltan colchones, ropa de cama, ventiladores, vestimenta adecuada para el clima cálido y espacios recreativos para niños y niñas que permanecen durante días en el lugar”, aseguró.
La gira también permitió conocer el funcionamiento de los flujos migratorios en ambas direcciones y fortalecer la coordinación con el Vicariato Apostólico de Darién para futuras acciones de acompañamiento y formación.
David fortalece la atención pastoral
La gira a Chiriquí se centró en fortalecer una respuesta eclesial más amplia y articulada frente a la realidad migratoria. La delegación, liderada por Jorge Ayala, secretario ejecutivo de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Panameña, sostuvo encuentros con agentes, organizaciones de apoyo y autoridades de la Iglesia, entre ellas, monseñor Luis Enrique Saldaña, obispo de David.
“La diócesis busca impulsar esta pastoral para responder de manera más organizada a las necesidades de los migrantes, especialmente en las zonas fronterizas. La iniciativa también contempla el acompañamiento a poblaciones indígenas en movilidad laboral y el fortalecimiento de la atención a familias migrantes asentadas en distintas comunidades”, expresó Ayala.

Destacó que uno de los objetivos principales es que las comunidades se conviertan en espacios reales de acogida. “No queremos que sean solamente receptoras de estadísticas migratorias. Ojalá pudieran responder a las necesidades espirituales y materiales de nuestros hermanos migrantes”, afirmó.
Durante la gira también se realizó un taller sobre prevención de la trata y tráfico de personas, en el que participaron agentes pastorales, voluntarios y miembros de comunidades receptoras.
La realidad detrás de cada puerta
Las visitas domiciliarias que se realizaron en Darién, Paso Canoas y en la Ciudad de Panamá permitieron conocer de cerca la realidad cotidiana de personas que enfrentan dificultades para acceder a alimentos, medicamentos, empleo y vivienda digna.

La hermana Alma Huerta, misionera scalabriniana, aseguró que esta experiencia ha transformado su manera de comprender el fenómeno migratorio.
“Detrás de cada migrante hay una historia profunda de dolor, esperanza y lucha. He aprendido que muchas familias, aun viviendo en condiciones muy difíciles, conservan una gran dignidad, fe y deseo de salir adelante”, destacó.
Entre las situaciones encontradas destacan personas enfermas de cáncer, madres que sostienen solas a sus hijos y familias que han pasado años separadas de sus seres queridos.
“Muchas veces nos dicen que, no solamente necesitan ayuda material, sino sentirse escuchadas, acompañadas y tratadas con dignidad. La visita a sus hogares les hace sentir que no están olvidadas”, señaló la religiosa.
En este sentido, Joanne Álvarez señaló que las visitas permiten identificar necesidades que, difícilmente, aparecen en una entrevista realizada desde una oficina.
“Cuando visitamos sus hogares podemos comprender mejor lo que realmente están viviendo. Uno de los hallazgos más preocupantes fue la inseguridad alimentaria que afecta a numerosas familias migrantes”, indicó.
El recorrido por los hogares ayuda a evaluar aspectos fundamentales como la alimentación, las condiciones de vivienda y el acceso a servicios básicos.
Durante las visitas se entregaron bonos alimentarios a familias vulnerables y kits de higiene para personas en condición de contraflujo. Estas ayudas se complementan con el acompañamiento que realizan las parroquias de la zona, las cuales continúan brindando apoyo a quienes enfrentan mayores dificultades.
Para el sacerdote Mario Geremia, misionero scalabriniano, esta experiencia ha demostrado la importancia de trabajar unidos para responder a una realidad compleja.
El religioso destacó que las visitas fortalecieron la comunión entre la Arquidiócesis de Panamá, el Vicariato Apostólico de Darién y la Diócesis de David. “Como equipo, hemos sentido que existen todas las condiciones para hacer un trabajo en red y en sinodalidad, que permita dar una respuesta más efectiva a esta realidad”, concluyó.
Siguiendo los pasos del Buen Samaritano

Jorge Ayala
Secretario Ejecutivo
“Realizaremos una gira a Colón para monitorear Palenque y Miramar, donde, aunque el flujo migratorio ha disminuido, aún continúan registrándose movimientos de población”.

Joanne Álvarez
Coordinadora de Proyectos
“Somos una Iglesia que se mueve, que sale al encuentro de los migrantes más vulnerables, permitiéndonos brindar una asistencia humanitaria más integral y complementaria”.

Hna. Alma Huerta
Misionera de la Pastoral
“Acompañar a las personas migrantes es vivir el Evangelio, reconociendo en ellas el rostro de Cristo y ofreciendo cercanía, escucha, esperanza y dignidad”.
