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Preocupación por pérdida de la lengua ngäbe en el tiempo

En la República de Panamá solo un 65% de los 250 mil ngäbe hablan su lengua: el “ngäbere”, pero solo un 5% lo lee y lo escribe perfectamente. Así lo asegura el padre Jorge Sarsaneda del Cid, religioso jesuita, quien desde la década de los 70 ha trabajado al servicio de esta comarca y basa su anáisis en entrevistas a autoridades comarcales, estudiosos y conocedores de esta cultura.  

Aunque estuvo durante varios años fuera del país, nunca se desconectó de esta cultura, ha escrito siete libros gracias a sus investigaciones. Actualmente se encuentra en Panamá trabajando desde la pastoral indígena de la Arquidiócesis y elabora un diccionario de la cultura Ngäbe que tiene previs-to culminar en dos años. 

Hoy Sarsaneda recorre medios, instituciones y librerías sensibilizando sobre el tema. El sacerdote explica que una lengua corre el peligro de desaparecer cuando sus hablantes dejan de utilizarla cuando van restringiendo su uso a ámbitos cada vez más reducidos o cuando dejan de transmitirla a la generación siguiente. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señala que una lengua está en peligro de perderse cuando hay menos de 50 mil hablantes. “Si perdemos el idioma perdemos la identidad, si lo pierdes definitivamente qué te queda en la vida, es una discriminación”, cuestinó el jesuita. 

El Ministerio de Educación tiene una Ley (ley 88 de 2010) según la cual los educadores que laboran en las comarcas, deben hablar y escribir la lengua, conocer las costumbres, tradiciones y cultura de los pueblos indígenas; solo así tendrán prelación para los cargos docentes de los centros educativos de estas regiones. 

Sin embargo, la realidad es otra, el padre Sarsaneda asegura que alrededor de 4 mil docentes, que laboran en la comarca Ngäbe – Bugle si acaso unos 200 educado- res cumplen con esta exigencia. “Por otra parte, los docentes ngäbe, lo hablan, pero no lo leen ni lo escriben”, acotó. 

Compartió la experiencia de haber conocido a una maestra con siete años en la comarca y no sabía ni saludar. “La misma docente se sorprendió al ver que yo hablaba a unos niños en su lengua, ciertamente no entiendo cómo es posible que alguien que trabaje tantos años con ellos, no se motive a aprender” afirmó. 

Ante la complejidad de los sistemas de conocimiento desarrollados, su desaparición equivale a perder un tesoro cultural. Por ende, la UNESCO declaró el 2019 Año Internacional de las Lenguas Indígenas con el objetivo de sensibilizar a la sociedad, no solo para beneficiar a las personas que hablan estas lenguas, sino también para que otros aprecien la importante contribución que hacen a la rica diversidad cultural, a fin de alentar la adopción de medidas urgentes para preservarlas, revitalizarlas y promoverlas. 

Su valioso aporte En el marco de esta celebración el padre Jorge Sarsaneda del Cid (Chigon Tädobu su nombre en ngäbere) presenta su granito de arena, su más reciente libro: Ni Ngäbe tä blitde ño. Cómo hablan los ngäbe. 

Con el patrocinio de la UNICEF pudo editar mil ejemplares de esta guía de gramática dirigida especialmente a docentes y estudiantes, niños y jóvenes ngä- be, pero también a personas que deseen aprender lo esencial del idioma para servir con eficacia a este pueblo. 

Consta de diez capítulos, cinco apéndices y una bibliografía. El apéndice 1 es sumamente im- portante porque sugiere pautas para continuar el aprendizaje del idioma. 

“Asumimos esta tarea que nos ayuda a asomarnos a esa riqueza que es el conocimiento de una cultura originaria, en este caso la ngäbe, con el convencimiento de que a través del idioma se puede conocer, entender y llegar al co- razón de un pueblo y así poder servirle mejor” aseguró. 

Por el momento el libro lo pue- den adquirir en el departamento de Pastoral Social en el Arzobispado de Panamá y en las diferentes sucursales de la Librería Católica Arquidiocesana. “Estamos tocando puertas para que nos apoyen con la venta del libro” agregó el sacerdote. 

¡Aquí quiero estar! 

Cuando el padre Jorge Sarsaneda del Cid era un seminarista se dejó impactar por la dura realidad de la comarca. “Fue una experiencia tan dura y muy golpeante que dije: ¡aquí quiero estar y trabajar!”. 

Ver de frente esa pobreza extrema, la necesidad de una vida digna para estos hijos de Dios, de organización, salud y educación, le sensibilizaron de tal manera que hasta pensó retirarse de la Compañía de Jesús porque no misionaban en estas áreas. 

“Un compañero me convenció para que habláramos sobre nuestro deseo compartido y lleváramos a la Compañía hacia estas zonas, estaba convencido que ese era el camino que Cristo me señalaba” aseguró. 

Desde 1977 los jesuitas se hicieron presentes y comenzaron a trabajar en parroquia San Félix de la diócesis de David. También trabajó en Guatemala al servicio del pueblo k ́iche ́ y en la parroquia de Isla Colón en Bocas del Toro.  

Exigencia al nuevo gobierno 

La UNESCO recomienda que lo mejor que se puede hacer para evitar la desaparición de una lengua es crear las condiciones propicias para que sus hablantes la sigan usando y la enseñen a sus hijos. 

Esto exige con frecuencia la adopción de una política estatal 

que reconozca y proteja las lenguas minoritarias, el establecimiento de sistemas educativos que fomenten la enseñanza en la lengua materna de los educandos, y una colaboración creativa entre los miembros de la comunidad de hablantes y los lingüistas para elaborar un sistema escrito de las lenguas habladas y enseñarlas oficialmente.
“Para preservar, consolidar el idioma y la cultura ngäbe es necesario que las nuevas autoridades se sensibilicen y logren entender el problema de las lenguas en peligro de desaparición. Lamentablemente esto ha dependido de los vaivenes políticos. ¡Esté el gobierno que esté!, 

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