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Rector Blanco: “La universidad debe jalar la carreta”

El Rector Electo habla sobre su visión de lo que debe ser una universidad, de los retos que le esperan y su vocación como docente.

Eduardo Soto P.

De una escuela multigrado en el pueblo de agricultores de su natal Palencia, España, a la rectoría de la Universidad Santa María la Antigua en Panamá. Parece un salto colosal, pero como bien decía Charles Chaplin: “El tiempo es el mejor autor y siempre encuentra un final perfecto”.

Así ha sido para Francisco Javier Blanco Lopezuazo, quien a partir del 12 de diciembre asume como Rector Magnífico de la USMA. Debajo de esas cejas como pintadas con carbón se esconde una mirada densa, signo de su elevada cultura y una inteligencia filosa.

¿Cuál es el papel de una universidad, y católica, en pleno siglo XXI?

R.- Las universidades deben volver a ser lo que fueron cuando se fundó esa institución, allá por el siglo XII. Pero no para volver a sus métodos medievales, sino para retomar su “visión”, que era la de iluminar a la sociedad y –usando una expresión coloquial– era la que “jalaba la carreta”, es decir, estructuraba las ideas con las cuales se construía la vida.

¿Por qué hoy no es así?

R.- A veces, y no les falta razón, nos dicen que la Universidad debe estar atenta al mercado. Y sí, debemos estar en permanente comunicación con el mercado, con los empresarios, los trabajadores, para responderles en lo que necesitan. Pero si ese el único criterio en la ruta, entonces lo universitario se va a hacer cómplice de algunas cosas que están mal en la sociedad.

Hay que estarse preguntando siempre ¿quién mueve el mundo? ¿Por quién nos dejamos guiar? Si es solo por el mercado, entonces la carreta por delante de los bueyes, y entonces la universidad pierde su espacio.

No digo que todo sea negativo, pero si dejamos todo en manos de unos pocos, y le quitamos terreno a los pensadores, el camino seguirá siendo errado. Hay muchos científicos, y cada vez menos pensadores. Deben ser los pensadores quienes indican por dónde debe ir la sociedad.

¿Cuál es la tarea de estos pensadores?

R.- Son los que deben dar las líneas maestras, todos los demás científicos deben apoyar y caminar en esa dirección.

“Preguntémonos por quién nos estamos dejando guiar. No son los pensadores, sino el mercado. Y si solo eso nos rige, estamos teniendo una visión miope de la vida”.

¿De dónde surge el problema?

R.- Repito, hay que preguntarse quién guía, no solo a las universidades, sino al mundo. Cuando al mundo lo mueve solo el mercado, estamos teniendo una visión miope de la vida.

¿Cómo cambiar el rumbo?

R.- La Universidad, al tiempo que está pulsando la realidad, debe estar orientando (no religiosa ni ideológicamente) sino en la forma de pensar, orientando en cuanto a la forma de crear una sociedad. Debemos crear los espacios de diálogo que se necesitan en todo tiempo, porque todos los tiempos son difíciles.

¿Pero estos son tiempos especialmente difíciles?

R.- Todos los son. Lo mismo dijeron quienes vivieron en los años sesenta, en el 89 con la invasión dijeron lo mismo, y era verdad. Todos son tiempos de encrucijada.

En una sociedad como la que estamos, en la que se acercan discusiones importantes sobre cómo vamos a reconstruir el tejido social, (es una sociedad desigual que ha quedado en evidencia con esta pandemia); una sociedad injusta que hemos construido y que tenemos que desconstruir para volver a levantarla como debe ser, y como nos merecemos; en este contexto decía, la Universidad debe ser un espacio para unir y reunir ideas que iluminen el camino que vamos a recorrer a partir de ahora.

¿Cómo enfrenta ese papel una universidad católica?

R.- Como católica, la USMA tiene una responsabilidad particular. El catolicismo no es para imponer, sino para proponer una visión del mundo. Entonces, en ese espacio que se abre, hay que encontrarse con todas las ideas y discutirlas, porque todas tienen algo bueno, y determinar las mejores según nuestra visión del mundo y del ser humano.

¿Es un gran reto el que tiene por delante?

R.- Vamos a emprenderlo, porque la vocación de las universidades es constituirse en un faro, una luz, para la sociedad.

¿Y cuáles serían las tareas urgentes de su gestión?

R.- Las mismas de cuando se fundó la USMA. Lo único que va a cambiar es la adecuación. El primer reto sería constituir a la institución en un actor importante en los diálogos nacionales. Debemos abrir los espacios para que confluyan las ideas, y construir una mejor sociedad.

Lo segundo que toca hacer es profundizar la visión que tenemos del mundo y del hombre, según nuestra catolicidad. Creo que nos ha hecho falta algo más de argumento de nuestra visión cristiana, y debemos cumplir con el compromiso de estructurarlo.

Un tercer compromiso es seguir manteniendo la calidad y la excelencia en la educación, así como mantener y superar el prestigio que tenemos. También nos toca empeñarnos más en la investigación para que sea práctica en la solución de los problemas nacionales.

¿La USMA ha publicado investigaciones?

R.- Por supuesto y la mayoría son de carácter social, que han logrado reconocimiento internacional inclusive, como la relacionada con el femicidio, sobre la educación en la comarca Ngöbe, sobre el uso o mal uso de los subsidios. 

“Hay que procurar una docencia adaptada a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de ser de los estudiantes, para que conecte con los jóvenes de hoy”.

¿Qué lugar ocupa en su agenda la extensión?

R.- Es uno de los principales propósitos. Es la comunicación de la Universidad con la sociedad, y nos corresponde impulsarla. Por el momento que está viviendo Panamá y el mundo la extensión debe proporcionar respuestas a las muchas preguntas de la sociedad.

¿Cuál es su visión respecto al cuerpo docente?

R.- Es uno de los puntos más importantes de la agenda. Debe enriquecerse la docencia aun más; una docencia adaptada a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de ser de los jóvenes, para que conecte con los estudiantes de hoy.

Profesor ¿De todos los países en los que ha estado, por qué Panamá?

R.- Al ser humano lo mueven muchas cosas, pero básicamente dos: la cabeza y el corazón. En México fue estudio y nada más, pero en Guatemala sí me tocó vivir y compartir.

Cuando llegué a Panamá no solo fue el trabajo (la cabeza), sino que empezaron a surgir cariños con la tierra y las personas. Aquí me casé, aquí tengo a mi hijo; aquí encontré a las personas que quiero (más las que dejé en España): por eso es por lo que llevo 34 años aquí.

Mi madre (el 13 de diciembre cumple 87 años), cuántas veces no me ha dicho que me regrese, y yo le respondo con la cabeza: que acá tengo mi trabajo y una carrera establecida. Pero también le contesto con el corazón: aquí tengo mi familia y muchos amigos queridos.

¿Que por qué estoy acá? Pues por la cabeza y el corazón.

Ruta hacia la Rectoría

1962.- España. Nace en el seno de una familia de agricultores en Palencia. Queda huérfano de padre cuando tenía 10 años. Hace sus primeros estudios en una escuela multigrado de su lugar natal.

1982.- Guatemala. Al culminar su bachillerato, hace estudios superiores en la Universidad del Valle, donde obtiene la licenciatura en Profesorado y Ciencias Sociales con especialización en Historia.

1986.- México. La Universidad La Salle le otorga el título de Licenciado en Ciencias Religiosas. Realizó estudios de Maestría en Doctrina Social de la Iglesia, por la Universidad Pontificia de Salamanca.

1986-1990.- Panamá. Profesor de Historia, Geografía, Filosofía y Religión en el Colegio San Vicente de Paúl, en David, y en el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón, en Panamá.

1990.- USMA. Ingresa como profesor en la Facultad de Humanidades y Ciencias Religiosas. Ha sido Director de Admisión y Becas, Vida Universitaria, Decano de Humanidades y Vicerrector Académico, entre otros. A partir del año 2000 dedica todo su tiempo a la Universidad Santa María la Antigua.

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