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San Junípero Serra

“Junípero” buscó defender la dignidad de la comunidad nativa.

José-Román Flecha Andrés

Me habían invitado a participar en un evento religioso en Salinas, California. Al día siguiente visité los campos de cultivos en los que trabajan tantos amigos hispanos. Y después, la misión de San Carlos Borromeo, en Carmel.

Tiempo atrás había visitado el convento franciscano de Palma de Mallorca, del que salió fray Junípero Serra, dejando atrás su doctorado en filosofía y teología, su trabajo y sus familiares para anunciar el evangelio en el virreinato de Nueva España. 

Como si no le bastara, emprendió el camino de California. Yo había seguido las misiones por él fundadas, desde aquella primera de San Diego, iniciada el 16 de julio de 1769. Allí murió el P. Luis Jayme, alcanzado por una flecha. Pero Fray Junípero no se amedrentó. 

La creación y el funcionamiento de las misiones es una empresa admirable. Es verdad que, a pesar de su debilidad y su cojera, fray Junípero tuvo que hacer un viaje a México para solicitar del virrey normas muy concretas para defender a los indígenas de algunos abusos por parte de los soldados y otros colonizadores. 

Este humilde y valeroso misionero murió por tierras de Monterrey, al parecer por la mordedura de una serpiente. ¡Cómo no admirar una vida como esta! Así pues, era preciso llegar hasta la misión de San Carlos Borromeo, fundada por fray Junípero en 1770 y trasladada pronto a este lugar.  

Los restos de fray Junípero descansan humildemente en la tierra desnuda, a los pies del retablo barroco en que destaca el Calvario.

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