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Solemnidad del Corpus Christi

Marlenis Yángüez

El jueves posterior a la Solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi).              

Este día recordamos la institución de la Eucaristía el Jueves Santo durante la Última Cena, al convertir Jesús el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre; misterio de amor, donde Jesús quiso quedarse con nosotros después de la Ascensión hasta su Segunda Venida: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,20).                                                                                                                                 

Jesús da a nuestros sacerdotes el poder de consagrar el pan y el vino en la Santa Misa, y actuando en ellos mediante el Espíritu Santo, transforma esas especies en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Esto se conoce como transubstanciación; cambia la substancia (esencia) del pan y el vino, convirtiéndose en Cuerpo y Sangre de Cristo, y permanecen los accidentes: color, sabor, aroma, textura, etc.        

A la Eucaristía se le tributa el mismo culto de adoración dada a Dios. Fuera de la Misa se le adora mediante las procesiones eucarísticas, en las que se enmarca la Solemnidad del Corpus Christi, para proclamar la fe de los creyentes en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.                                                                                                                                                                                                    

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos.

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