La Orden de San Agustín celebra la ordenación presbiteral de tres religiosos en Penonomé, en una Eucaristía marcada por el llamado a servir con humildad, alegría y entrega total.
Por Héctor Muñoz
Desde la Catedral San Juan Bautista de Penonomé, la Iglesia en Panamá vivió un momento de gracia con la ordenación presbiteral de tres religiosos agustinos, signo de esperanza en medio de los desafíos actuales de la vida eclesial.
La celebración fue presidida por Monseñor Manuel Ochogavía Barahona, obispo de la diócesis de Colón–Kuna Yala, quien acompañó a la comunidad en esta significativa Eucaristía, en la que recibieron el orden sacerdotal Fr. Euribiades Soto Chirú, Fr. Octavio Jiménez Santos y Fr. Winston Puente Sánchez, miembros de la Orden de San Agustín, Provincia del Sagrado Corazón de Jesús.
En su homilía, el prelado ofreció una profunda reflexión sobre el sentido del sacerdocio, recordando que la vocación es un misterio que acompaña toda la vida y que exige una respuesta constante.
“La llamada es para toda la vida, y cada día requiere renovar el ‘sí’ al Señor”, expresó, subrayando que el ministerio presbiteral no es un camino de privilegios, sino de entrega.
En un tono cercano y directo, exhortó a los nuevos sacerdotes a vivir su vocación con autenticidad, evitando caer en la tentación del protagonismo o la superficialidad pastoral.
“Los fieles no se ganan con espectáculos, sino con cercanía, oración y servicio”, afirmó, insistiendo en la necesidad de formar pastores que reflejen el rostro de Cristo Buen Pastor.
El obispo también recordó que el sacerdote está llamado a amar a Dios sobre todas las cosas y a traducir ese amor en el servicio concreto a los demás, especialmente a los más pobres y excluidos. En este sentido, les invitó a mantener los pies en la tierra, a no olvidar sus raíces y a cultivar un corazón sensible al sufrimiento del prójimo.
Durante su mensaje, destacó tres pilares fundamentales para la vida sacerdotal: la confesión frecuente, la oración personal y la dirección espiritual. Elementos que, según indicó, sostienen la fidelidad y ayudan a enfrentar las fragilidades propias de la condición humana.
“Un sacerdote que no reza se seca”, advirtió, animándolos a cuidar su relación íntima con Dios como fuente de su ministerio.
Asimismo, hizo un llamado a vivir con sencillez y desprendimiento, sin apego a bienes materiales ni búsqueda de comodidades, recordando que el sacerdote debe estar disponible para servir donde la Iglesia lo necesite.
La homilía también incluyó un mensaje al pueblo de Dios, invitándolo a acompañar a sus sacerdotes con la oración, el consejo fraterno y la cercanía, reconociendo que el cuidado de las vocaciones es una tarea compartida.
A las familias de los ordenados, les expresó gratitud por el don de sus hijos, destacando el valor de su entrega en favor de la Iglesia.
La ordenación de estos tres nuevos presbíteros se convierte así en un signo de renovación y esperanza, recordando que Dios continúa llamando y sosteniendo a su Iglesia a través de hombres dispuestos a entregar su vida por el Evangelio.
En medio de los retos actuales, la presencia de nuevos sacerdotes anima al pueblo fiel a seguir caminando con confianza, sabiendo que el Señor sigue siendo el Pastor que guía, cuida y acompaña a su Iglesia.
