Una obra de misericordia que acompaña a mujeres embarazadas de la comarca Ngäbe, para que tengan un parto seguro, tranquilo y sin complicaciones.
Por Karla Díaz
En San Félix, Chiriquí, un albergue se ha convertido en un salvavidas para mujeres embarazadas residentes en las lejanas montañas de la comarca Ngäbe Buglé.
Este refugio ofrece un espacio seguro y adecuado para las mujeres que, debido a la lejanía de sus hogares, no pueden llegar a tiempo a los hospitales para recibir atención prenatal y partos asistidos.
Con el apoyo de médicos y enfermeras, el albergue busca garantizar que cada madre y su bebé reciban la atención necesaria en el momento más crucial.
Se trata de la Hospedería Indígena Belén, del Centro de Embarazadas de Alto Riesgo, que lleva la Fundación Nuestra Señora del Camino en colaboración con el Ministerio de Salud, un lugar que atiende a mujeres en sus últimas semanas de embarazo, todas remitidas por el hospital o por algún centro de salud.
Estas damas llegan al centro desde las 37 semanas en adelante y son atendidas por una técnica de enfermería las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
Mary Zuleima Bastidas, coordinadora de la hospedería, destacó que, al llegar, a las futuras madres se les hace un registro con todos sus datos personales y se les monitorea todo su embarazo.
“Durante cada turno se les toman los signos vitales, la presión y el pulso para ver si tienen algún síntoma de riesgo, o ya requieren traslado al centro hospitalario. Su estadía es gratuita, reciben un kit de aseo; deben estar pendientes de cómo avanzan y avisar sobre cualquier cambio que noten en su embarazo”, dijo Zuleima.
Agrega que esto es un alivio, pues el albergue está a solo 5 minutos del hospital, distinto a la realidad que enfrentan en la montaña, donde deben caminar más de tres horas para encontrar transporte seguro que las lleve a un centro de salud.
“Para nosotros como fundación es una gran alegría poder apoyarles, ya que ellas vienen de lugares muy distantes, así que estar más cerca hace que se corra menos riesgo para ellas y sus bebés”, acotó la coordinadora.
Precisamente, la muerte de algunas mujeres y sus bebés en el vientre, fue lo que despertó el deseo del padre Adonaí Cortés de crear este proyecto, que no solo les hospeda y vigila, sino que también les da herramientas formativas que les servirán en su día a día con sus hijos y sus familias.

Seguridad y atención
María García, de la comunidad de Salto Dupi, distrito de Mironó, estuvo durante nuestra visita en el albergue. Allí nos dijo que gracias a una cuñada se enteró de esta opción y le pareció buena, ya que podía estar más cerca de un hospital si los dolores llegaban de noche o de madrugada.
“Estar aquí es mejor porque estamos seguras; tenemos una persona que nos atiende, que está pendiente de nosotras a toda hora y estamos cerca del hospital si tenemos alguna complicación”, expresó.
Respuesta inmediata a una gran preocupación
El albergue es un lugar de corta estancia, y su límite por lo general es de 15 o 20 pacientes, debido a que la demanda es muy grande y vienen desde muchos distritos de la comarca, por lo que al año atienden hasta 700 embarazadas.
Sin embargo, la idea del precursor de este proyecto, el padre Cortés, no es solo que permanezcan allí durante los días anteriores al alumbramiento, sino que aprendan, que tengan herramientas, por lo que se les enseña manualidades, se les da telas para que hagan ropita de bebés, se les dictan charlas formativas sobre prevención del VIH, control prenatal, higiene, y todo tema importante para ellas.
De eso conoce muy bien Elvis Mendoza, Técnica en Enfermería, que en estos momentos les atiende y acompaña en el albergue. Para ella, es fundamental brindar este servicio que se hace con mucho amor.
“La importancia de este lugar en esta región es incalculable, ya que con este proyecto se evitan muertes maternas y de bebés en el vientre y, personalmente, ser parte de este proyecto me hace feliz”, dijo Mendoza.
Por su parte, la coordinadora subrayó que en el hogar no se cobra nada y la estancia es gratis, pero se les solicita que ellas preparen sus alimentos y organicen sus residencias.
“Es una alegría poder apoyar a estas mujeres que llegan entre los 13 y 25 años y sentir que estamos aportando para que ni ellas ni sus bebés corran riesgos”, señaló emocionada Zuleima.
Finalizó destacando la importancia del acompañamiento a estos pueblos, a sus mujeres, a sus niños para que se les dé un trato digno y atención de buena calidad, características fundamentales por las cuales velan en el albergue.
Logros del albergue

Reducción del riesgo de la muerte materna e infantil al contar con un lugar cerca del hospital donde pueden alojarse, ser atendidas y remitidas a la hora del parto. Todas las usuarias viven en lugares de difícil acceso.
El trato cálido y personalizado que recibe cada embarazada se refleja en las referencias que hacen a otras embarazadas sobre el programa y también algunas de ellas regresan con un nuevo embarazo.
Los temas de capacitación diaria, les sirve para mejorar su diario vivir, tomar conciencia de la importancia de cuidarse y cuidar a sus bebés, asistir a tiempo a las entidades de salud, planificar y evitar riesgos.
La estadía en el albergue les permite aprender nuevas cosas, compartir con otras embarazadas, conocimientos y saberes tanto en la gastronomía como en la costura.