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UN SOLO PLANETA, UNA CASA COMÚN

redacción: Francisco J. Espino González

La población y la tierra es el tema que une a los teóricos y los prácticos al momento de referirse a la contaminación y medio ambiente; y es que el ser humano – nosotros – somos el mayor contaminador y depredador de la tierra.  “La iglesia reconoce que la ciencia y la religión aportan diferentes aproximaciones a la realidad, pudiendo entrar en diálogo intenso y productivo”. (Encíclica Laudato Si)

Así en el año 2015, el Papa Francisco promulga la Encíclica Laudato Si, … alabado Seas … en referencia al cuidado de nuestra casa común, nuestro planeta, la tierra, el único lugar donde habita el ser humano.  La Encíclica nos cita el libro del Génesis, en su lenguaje simbólico y narrativo, con profundas enseñanzas sobre la existencia humana y su realidad histórica.  Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra.  (LS.62, ss).

La demografía como campo científico interdisciplinario, estudia el tamaño de la población, su composición y distribución espacial, así como de los cambios en la misma y de sus componentes: como fecundidad, mortalidad y migración.  Según datos, la población mundial en diciembre de 2019 se superó la cifra de 7.700 millones de habitantes.  Algunas proyecciones estiman que la población mundial podría llegar a 11.400 millones dentro de treinta años. ​  

Estas cifras son una realidad que comparte la Iglesia; al igual, la aceleración de los cambios que la humanidad le impone al planeta.  La intensificación de los ritmos de vida y de trabajo se convierte en una “rapidación” de los recursos naturales, por la velocidad y acciones humanas; situación que contrasta con la lentitud de la evolución biológica por una parte y por otra al bien común; a un desarrollo humano sostenible e integral.  Todo cambio es deseable, pero cuando se habla de medio ambiente, se vuelve preocupante cuando se convierte en un deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad.  (LS 17ss)

Para la doctrina social de la iglesia, citando la Encíclica, no existe dos crisis separadas, en una ambiental y otra social; sino una sola y compleja crisis socioambiental.  Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos, marginados y simultáneamente para cuidar la naturaleza.

Para los teóricos, un medio ambiente ideal, sería una población mundial sostenible, sin embargo, no puede haber un desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional, que supone el respeto a la persona humana en cuanto a sus derechos básicos e inalienables.  No suele haber una conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos, siendo estos la mayor parte del planeta, hoy son miles de millones de personas.  

Ética ambiental (Nota relaciomada)

El verdadero planteo ecológico se convierte en un planteo social, que debe integrar la justicia en las decisiones sobre el ambiente.  Existe una deuda ecológica, producto de la inequidad que no solo afecta a las personas sino también a países enteros que nos obliga a pensar en una ética ambiental en las relaciones internacionales. (Encíclica Laudato Si)

El ritmo de consumo, desperdicio, alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta; el actual estilo de vida se ha convertido insostenible para el medio ambiente y solo puede terminar en catástrofes; como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones, sequías, inundaciones, envenenamiento de ríos, extinción de especies, nuevas enfermedades a la salud de la población.  

No estamos preparados para utilizar el poder con acierto.  El actual crecimiento tecnológico no está acompañado de un desarrollo humano, de responsabilidad, de valores y conciencia. 

Claves de la Encíclica 

– Propone una espiritualidad ecológica nacida de las convicciones de fe. El Evangelio nos enseña a pensar, sentir y vivir, nos motiva la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo.   

.- La espiritualidad no está desconectada de nuestro cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea.  

– La crisis ecológica es un llamado a una conversión interior, de reconocer nuestros errores, pecados, vicios o negligencias y arrepentirse de corazón, por nuestras acciones y omisiones en detrimento de nuestra tierra.

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