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Una pastoral que sostiene la esperanza y abraza en tiempos de enfermedad

Una pastoral que sostiene la esperanza y abraza en tiempos de enfermedad

Dos sacerdotes y laicos comprometidos hacen cercana a la Iglesia con presencia, oración y gestos solidarios, acompañando enfermos, familias, y personal sanitario.

 

Por Marianne Colmenárez

Meilyn Lao pasa gran parte de sus días sentada en los pasillos del Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel. Desde allí espera noticias de su hijo Jesús Andrés, de apenas tres meses de nacido, ingresado desde el 25 de noviembre y sometido a una cirugía del corazón.

Meilyn Lao ha sentido el apoyo de la Iglesia desde el primer día de estar con su hijo en el hospital.

Lo ve solo una hora al día, sin poder tocarlo. El resto del tiempo permanece cerca de la capilla o frente a la puerta de cuidados intensivos. Ante el peligro de muerte, a mediados de enero pidió que su hijo fuera bautizado, pues llevaba casi cincuenta días en esa unidad.

“Desde que recibió el bautismo por el padre Adrián ha evolucionado enormemente. Dios, los médicos y las enfermeras han hecho un arduo trabajo; hoy me dieron la buena noticia de que esta misma semana ya sale de cuidados intensivos”, afirmó la joven madre.

Este testimonio refleja el sentido profundo de la Pastoral de la Salud que lidera la parroquia Cristo Rey, ubicada en la avenida Justo Arosemena, y que articula el trabajo de agentes pastorales enviados por las parroquias que conforman la Vicaría de la zona.

Desde allí la Iglesia acompaña a enfermos, familiares y personal sanitario en el Hospital Santo Tomás y en el Hospital del Niño.

El sacerdote Ángel Acuña, párroco de Cristo Rey y capellán del Hospital Santo Tomás desde hace dos años, recuerda que su llegada fue inmediata y comprometida. “Me mudé un día y al día siguiente, ya, a las cinco de la mañana, estaba en el hospital prestando el servicio y celebrando la misa”.

Un saludo del padre Ángel que se convierte en bálsamo en medio del sufrimiento.

Reconoce que no había ejercido antes esta misión de manera formal. “Como sacerdote, no había tenido esa misión todavía, solo visitaba enfermos en las parroquias, pero todo fue fluyendo con la ayuda de Dios y de quienes ya estaban sirviendo”, afirmó el padre Acuña.

La pastoral mantiene un acompañamiento constante a través de la celebración de la Eucaristía y la visita a las salas. Los domingos, la misa se celebra en el área de hospitalización, mientras que durante la semana se realizan celebraciones en Maternidad y Consulta Externa.

“Hemos visto la necesidad de estar más presentes y, al poder hacerlo, las personas buscan confesarse y pedir dirección espiritual”, expresó el sacerdote.

 

En ambos hospitales se viven momentos importantes del calendario litúrgico.

 

Una misión de laicos

Este servicio es sostenido por agentes con años de experiencia y por nuevos fieles que se van formando.

“Son personas jóvenes y adultas, profesionales, católicos que sienten la necesidad de hacer algo más y vienen con autorización de su párroco, porque pertenecen a la Pastoral de la Salud de su parroquia”, aclaró el padre Ángel Acuña.

 

La Vicaría Cristo Rey está integrada por las parroquias Cristo Rey, Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora del Carmen, el Santuario Nacional del Corazón de María, San Mateo y San Francisco de Asís de La Caleta.

 

Cercanía que abraza a los niños

En el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, el acompañamiento adquiere un rostro especialmente sensible. El sacerdote Adrián Alonso, capellán de esta institución y vicario de la parroquia Cristo Rey, aseguró que su misión es estar disponible en todo momento.

Con autorización del Arzobispo, se han celebrado varios bautizos y hasta confirmaciones.

“Implica, ante todo, oración y acompañar la realidad de niños que, desde pocos días de nacidos, enfrentan una enfermedad, siendo puente de amor y de cercanía para las familias”, dijo.

La Hora Santa semanal y los sacramentos se convierten en espacios de consuelo también para el personal de salud. “Cuando está expuesto el Santísimo, muchos se detienen, hacen la señal de la cruz y colocan allí su preocupación y su incertidumbre”, comentó.

Agregó que de esta manera se acompaña la realidad del enfermo y del que sufre. “Es tocar la realidad y decir, con la presencia, que Dios está contigo”.