Curso BíblicoEspiritualidad

Una ventana entre la vida y la Biblia – las tribus y los jueces

La característica de esta época es el intento de organización y alianza entre las tribus.

En esta época se conforma realmente el pueblo de Israel con identidad propia.  Este período va del año 1200 al 1025 a.C.  El lugar geográfico es Canaán, sobre todo, las partes montañosas.

Los protagonistas de esta experiencia fueron Josué y Calef, en su lucha por la tierra.  Y luego Sansón, Débora, Otoniel, Samuel…, que fueron jueces o líderes carismáticos que guiaban a las tribus.

La tribu, y dentro de ella el clan o familia, es soberana y autónoma.

Las características de esta época no son solo de lucha y defensa de la tierra, como nos narran los libros de Josué y Jueces.  Es, sobre todo, un intento de organización nueva, donde sus miembros estaban comprometidos a una mutua defensa y alianza, donde se tomaban las decisiones por los representantes de todos los miembros, lo que supone:

  • Vivir sin rey o Faraón, es decir, sin pago de tributo, con libertad política;
  • Vivir en familia y en reunión de familias;
  • Con tierra para todos, sabiendo que solo Dios es dueño de ella;
  • Sin tener un ejército regular (profesional), sino ocasional. Así se evitaba mantener un sector solamente consumidor, porque luego de las guerras, todo el mundo volvía a sus actividades agrícolas.

Este estilo de organización fue decayendo por corrupción de sus jueces, acumulación de riqueza por parte de unos pocos, falta de memoria histórica de las nuevas generaciones y la amenaza constante de los filisteos, que llevó a que el pueblo pida:  “Queremos un rey”.

La experiencia de Dios es algo extraña para nuestros días:  Yahvé era experimentado como el Dios de los ejércitos, un guerrero que lucha codo a codo con ellos.  El nombre de Israel significa justamente “Dios lucha”, donde el Arca de la alianza era el símbolo de fuerza y unidad.

Las tribus

El primer título del israelita para orar es el pertenecer al pueblo de Dios.

Las tribus son como estados independientes, donde los miembros son todos iguales; no tiene cabida una élite privilegiada ni se heredaban los cargos.  Un jefe no podía legar su carisma y su puesto tribal a su hijo, pues la tribu necesitaba de los mejores hombres para ocupar dicho puesto o liderazgo.

Las tribus se reunían alrededor de un santuario religioso común, y allí juraban una alianza o pacto llamado “anfictionía”, que las obligaban a muy diferentes asuntos, entre ellos, a defenderse todos juntos cuando uno de ellos fuera atacado.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

“CHRISTUS VIVIT”

 (230-238)

Una Pastoral popular Juvenil

Además de la pastoral habitual que realizan las parroquias y los movimientos, según determinados esquemas, es muy importante dar un lugar a una “pastoral popular juvenil”, que tiene otro estilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología.  Es una pastoral más amplia y flexible, que estimule los liderazgos naturales y los carismas que el Espíritu Santo ha sembrado en ellos.

Tenemos que estimular el “bien posible”, especialmente en jóvenes que no crecieron en familias cristianas. Cristo nos advirtió que no pretendamos que todo sea solo trigo.  A veces por pretender una pastoral juvenil pura, sin mancha, convertimos el Evangelio en una oferta desabrida.

En el Sínodo se exhortó a construir una pastoral juvenil capaz de crear espacios inclusivos, donde haya lugar para todo tipo de jóvenes y donde se manifieste que somos una Iglesia de puertas abiertas; que tenga lugar también para “aquellos que tienen otras visiones de la vida, profesan otros credos o son ajenos al horizonte religioso, porque todos los jóvenes están en el corazón de Dios y, por lo tanto, en el corazón de la Iglesia.

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