Curso BíblicoEspiritualidad

Una ventana entre la vida y la Biblia – ¿para qué leer la Biblia?

Cuando leemos la Biblia, lo hacemos porque deseamos conocer más de nuestro Señor Jesús, que nos habla a través de su Palabra y porque aceptamos como sagrados los libros que recogen el mensaje de Cristo, el Hijo de Dios vivo y los que le sirvieron a Él de fuente para inspirarse.

La Biblia es un libro muy leído en diferentes ambientes sociales y culturales.  Es el libro de todos.  Todos percibimos que hay algo importante en su interior, algo que da sentido a nuestras vidas.  Sin embargo, hay diferentes formas de leer la Biblia, que dependen de las intenciones que tengamos o de los objetivos que buscamos; es decir, de los distintos “¿para qué?”.

Nuestra lectura bìblica debe ir más allá de la mera información (conocer la Biblia), de la búsqueda de una receta de vida (soluciones mágicas), de la búsqueda de respuestas a cosas ocultas (misterios o cábalas), de la lectura fundamentalista (al pie de la letra).

Debemos leer la Biblia para iluminar y fortalecer nuestra vida, para comprometernos en el trabajo familiar y comunitario, para superar solidariamente los problemas, para ser colaboradores en la construcción de una sociedad mejor.  Es decir, para participar del Reino de Dios.

La lectura de la Biblia es importante, pues nos hace cuestionarnos nuestra vida, nuestros valores, nuestros criterios, nuestras creencias y descubrir el mensaje que Dios tiene para nuestra vida hoy.  Sólo por medio de la lectura de la Biblia surgirá un auténtico diálogo entre Dios y nosotros.

Por eso, la Iglesia recomienda la lectura viva y eficaz de las Sagradas Escrituras.  Sólo cuando los creyentes logremos profundizar su mensaje de amor, estaremos en condiciones de convertirla en fuente de vida personal y comunitaria.

Su importancia para nosotros

Dios siempre ha querido entrar en un diálogo con los hombres, lo ha hecho desde inicios de la creación, con un objetivo:  comunicarnos su plan de salvación, ha querido revelarse a los hombres, con obras y palabras.  Sus obras manifiestan y confirman lo que las palabras anuncian.

En un diálogo hay dos partes:  uno escucha y el otro habla.  Así sucede con la Palabra de Dios, que nos comunica a través de la Biblia.  Él espera una respuesta de fe de cada uno de nosotros, que abarca toda nuestra dimensión.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

“CHRISTUS VIVIT”

 (136-143)

 

Tiempo de sueños y de elecciones.

 

En la época de Jesús, la salida de la niñez era un paso sumamente esperado en la vida.  Hablar de jóvenes significa hablar de promesas y hablar de alegría. 

La juventud no puede ser un tiempo en suspenso:  es la edad de las decisiones y en esto consiste su atractivo.  Toman decisiones en el ámbito profesional, social, en lo que tiene que ver con el amor, la elección de la pareja y en la opción de tener los primeros hijos.

El amor de Dios y nuestra relación con Cristo vivo no nos privan de soñar.  Al contrario, nos estimula hacia una vida mejor y más bella.

Hay que perseverar en el camino de los sueños, pero estando atentos a una tentación que suele jugarnos una mala pasada:  la ansiedad.  Los sueños más bellos se conquistan con esperanza, paciencia y empeño, renunciando a las prisas.

Jóvenes, no renuncien a lo mejor de su juventud, no observen la vida desde un balcón.  ¡Hagan lío!  Echen fuera los miedos que los paralizan.  ¡Vivan! Por favor, no se jubilen antes de tiempo.

Lectio Divina

(Mt 13,24-43)

CONTENIDO: 

Leer:

Jesús continúa hablando a la gente en parábolas.  Para explicarles el Reino de los Cielos, les propuso las parábolas del trigo y la cizaña, la del grano de mostaza y la de la levadura.  Luego, en privado, a sus discípulos les explicó la parábola de la cizaña.

Meditar:

Como el grano de mostaza y la levadura, el Reino tiene comienzos modestos, pero un rápido e infinito desarrollo.

Profundizo la Palabra y me pregunto:  ¿Qué tipo de semilla llevo en mi corazón? ¿Estoy lleno de la fuerza del Espíritu de Dios para luchar con la fuerza del Evangelio?

En nuestras comunidades hay personas de diversos orígenes, cada una con su historia y sus diferencias. La parábola del trigo y la cizaña nos invita a no caer en la tentación de excluir de la comunidad a los que no piensan como nosotros.

Orar:

Señor, ayúdame a ser paciente con quienes me rodean.  Amén.

Contemplar: 

Esforzarme para saber convivir en comunidad, a pesar de las diferencias de mis hermanos de fe.

SECCIÓN 4

PARA REFLEXIONAR

CONTENIDO: 

Reflexiona en los siguientes temas:

¿Para qué leemos la Biblia?  

¿Cuál es la forma más adecuada de leer la Biblia?

¿Por qué el Papa Francisco invita a los jóvenes a soñar?

¿Tengo miedo ante la realidad del mundo o por el contrario confío plenamente en el Señor?

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